Uno de los principales cambios que se viven en la adolescencia tiene que ver con la aceptación y adaptación al nuevo cuerpo, ese cuerpo que es muy diferente al que tenías de niño o niña. Todos los cambios físicos que mencionábamos en el artículo anterior, y la rapidez con que se viven, generan sentimientos de preocupación y ansiedad. ¿Será normal lo que me está pasando?, ¿por qué mi cuerpo se ve tan raro?, ¿por qué ahora me muevo con torpeza?, ¿les pasará lo mismo a otras/os?…
Esta situación provoca una especie de aislamiento (un ejemplo de esto es que se prefiere pasar mucho tiempo a solas encerrado/a en el cuarto) y a la vez a una exploración constante del cuerpo. También surgen sensaciones de vergüenza e incomodidad, especialmente por la creencia de que las demás personas están muy pendientes de los cambios que ha experimentado nuestro cuerpo. Esto también genera que se le dedique mucho tiempo y atención a la apariencia física, probando nuevas formas de vestir, peinarse, hablar, caminar, con la intención de mostrarse más atractivo y de ser aceptado.
La nueva apariencia no solo modifica la relación y la imagen que se tiene de una/o misma/o, sino que también produce cambios en las relaciones con las otras personas. Esto porque al dejar atrás el cuerpo de niño o niña, las personas adultas te perciben de manera diferente, y esperan que “si tu cuerpo es de adulto, actúes como adulto“, lo que puede causar problemas si se delegan responsabilidades para las que emocionalmente no estés preparado.
Otra situación que suele pasar es que se genere un distanciamiento físico entre el o la adolescente y sus padres o personas adultas cercanas, a diferencia de la época infantil en la que solían intercambiar besos, caricias y abrazos. Esta distancia física puede resultar muy dolorosa para ambas partes. Conforme va pasando el tiempo, y se logra conocer y explorar el cuerpo, las preocupaciones van disminuyendo y se va viviendo una mayor aceptación y comodidad corporal.

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La responsable de los cambios que tiene tu cuerpo en la adolescencia es una glándula que se encuentra en el cerebro, llamada hipófisis. La hipófisis produce y libera unas sustancias denominadas hormonas, que circulan por la sangre y llegan a distintas partes del cuerpo. Estas hormonas actúan sobre los testículos de los varones o los ovarios de las mujeres, para estimular la producción de las hormonas sexuales masculinas.
1. Sobre el “para qué” de la sexualidad:
3. Sobre el género:
Si tu pareja está de acuerdo con el sexo anal, hay tres reglas importantes a seguir. La primera: debes utilizar abundante lubricante a base de agua. En lo que se refiere al sexo anal, nunca está de más un poco más de lubricante. El recto es un músculo que no está diseñado para ser penetrado, a diferencia de la vagina, éste no posee lubricación propia. Sin lubricante o con poco lubricante la penetración será extremadamente dolorosa. La segunda, es que siempre debes utilizar condón. El recto está lleno de microorganismos que pueden causar severas infecciones a tu pene y a tu sistema urinario. Además, a través del sexo anal uno está más en riesgo de contraer el VIH debido a las micro-heridas que se producen. Tercero: mucha paciencia y comunicación. El sexo anal, si se hace de forma apresurada, puede ser muy doloroso e inclusive causarle desgarros musculares a tu pareja, y en algunos casos lesiones a tu pene. Es recomendable iniciar el sexo anal introduciendo primero un dedo, de esa manera el recto se va acostumbrando a la penetración. Luego, lentamente introduce el pene, siempre preguntándole a tu pareja si siente dolor y si puedes continuar. El sexo anal no es para todas. Algunas mujeres, experimentan mucho dolor, mientras que otras, sienten un leve dolor al principio, pero después sienten placer. No pienses que el sexo anal se puede lograr en un día. Por lo general toma varias sesiones hasta que ambos aprenden a hacerlo sin causar dolor. Paciencia.
Muchos hombres creen que el éxito del coito se basa en la penetración fuerte y rápida; a más fuerza, más rápido llegará ella al orgasmo. Falso, el coito no es introducir y retirar con fuerza tu pene dentro de su vagina. Prueba con distintos ritmos y profundidades, a veces suave, a veces lento, a veces con profundidad, a veces sólo introduce la mitad de tu pene, a veces rápido, a veces fuerte, a veces con movimientos circulares, a veces con movimientos de arriba hacia abajo, a veces con penetraciones largas y profundas. Todas estas variaciones producen distintas sensaciones en una mujer. Utiliza tu imaginación. Con el tiempo sabrás qué tipo de penetración es las que más disfruta tu pareja.
Cuando te esté dando sexo oral, no fuerces su cabeza hacia tu pene, deja que ella libremente maniobre alrededor de tu miembro. Tampoco realices movimientos de penetración en su boca, eso sólo descoordinará sus movimientos y en algunos casos ocasionará que tu pene tenga un encuentro con sus dientes, lo que te puede causar mucho dolor e inclusive una herida en la piel. Si tu pareja lentamente se está dirigiendo hacia tu zona genital, no empujes su cabeza forzándola a que su cara esté sobre tu pene. Permite que se tome su tiempo, ella sabrá cuando llegar a él.
Los juegos pre-coitales son muy importantes para las mujeres. No vayas directamente a la penetración, tomate tu tiempo y estimula las diferentes zonas erógenas de la mujer. Esto permite que la mujer se excite y lubrique, preparándola para la penetración. El sexo no debe ser reducido solamente a un acto de penetración y eyaculación. Muchas mujeres expresan que los juegos pre-coitales pueden ser tan o más importantes que la penetración.

