Cuando una relación amorosa con otra persona se vuelve más duradera, estable y segura, la vivencia del amor adquiere matices diferentes. Se desea tener mayor intimidad y cercanía, tanto emocional como física. Esto hace que muchas parejas sientan mayores
deseos de “hacer el amor”. Esta frase hace referencia a las relaciones sexuales coitales, las cuales consisten en dar y recibir caricias eróticas hasta llegar a la penetración del pene en la vagina (coito). Estas relaciones permiten el intercambio de amor, sentimientos, placer y comunicación. Por eso, lo más adecuado es que se vivan dentro de una relación de pareja seria, estable y comprometida.
Muchos y muchas adolescentes tienen experiencias coitales por curiosidad, porque se dejaron llevar por el momento o por presión de otras personas (amigos/as, novio, novia). Es importante que se llegue a vivir un encuentro coital por decisión personal y de pareja, tomando en cuenta los riesgos y buscando las formas de protegerse. Hay varias cosas que se deben tomar en cuenta, al tener relaciones sexuales coitales, como por ejemplo:
• La relación coital no es la garantía de que la relación va a durar más o que va a ser mejor.
• Cuando se tienen relaciones coitales debe garantizarse tu protección y la de tu pareja. No se debe poner en riesgo la salud física o mental de ninguno. Esto implica el uso de métodos de protección (como el preservativo, porque previene el embarazo y las ETS/VIH-SIDA), la fidelidad, la comunicación, el respeto, la no-violencia.
• En la medida de lo posible, se debe tratar de que los encuentros coitales se lleven en lugares adecuados, que permitan la intimidad y la posibilidad de disfrutar de la experiencia sin presión por el tiempo o porque alguien va a llegar. Muchos y muchas adolescentes practican el coito en condiciones que no son las más indicadas para que ambos obtengan el mayor nivel de placer físico (especialmente la mujer, que por sus procesos biológicos requiere de más tiempo para alcanzar el orgasmo) y para compartir la cercanía emocional que produce el encuentro sexual.
Es muy importante que las y los adolescentes puedan tener claridad sobre las ventajas y desventajas de tener relaciones coitales en esta etapa, así como de lo que quieren, piensan y sienten, a fin de que puedan tomar una decisión, individual y en pareja, y actuar responsablemente.


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Además estas experiencias permiten, poco a poco, familiarizarce con los genitales de la otra persona y con las reacciones que tiene ante la excitación sexual. Todo esto sirve de preparación para el encuentro coital. A veces se cree que la sexualidad genital sólo se vive en el coito. También se considera que solo a través de la introducción del pene en la vagina, se puede obtener placer o alcanzar el orgasmo. Sin embargo, estos juegos y caricias son expresiones importantes de la sexualidad y fuentes de mucho placer. Muchos y muchas adolescentes que deciden postergar el momento de tener relaciones sexuales coitales, encuentran en este tipo de juegos una vía adecuada para vivir su genitalidad.
Las presiones y mensajes sociales influyen mucho sobre la posibilidad de abstenerse, ya que en el caso de los hombres esta situación es vista como falta de masculinidad. Así, los varones que no tienen relaciones sexuales genitales o coitales son catalogados de “poco hombres” u “homosexuales”. Mientras tanto, a la mujer se le refuerza la abstinencia, al esperar que se mantenga virgen hasta el matrimonio o que no exprese ningún tipo de deseo sexual. De esta forma, la abstinencia puede vivirse por presión o compromiso, y no porque se desee. También se puede creer que vivir la abstinencia es
Además, gracias a la autoestimulación se logran liberar los deseos e impulsos sexuales acumulados, que vuelven a surgir tan impetuosamente a estas edades. Otra función que ocupa esta actividad, es que nos permite prepararnos para el encuentro genital con otra/o, a través de la fantasía y la imaginación que la acompañan.
Para llevar a cabo esto, la sociedad utiliza diversos caminos como la familia, la escuela, la religión, los medios de comunicación social, entre otros. Por medio de estas instituciones y de la ideología, se crea entonces un ideal de masculinidad y feminidad. Debido a este proceso de socialización, las personas adquieren su identidad de género. Esta identidad se refiere a la forma en como las personas incorporan lo que significa ser hombre o ser mujer (según los mandatos culturales) y se comportan a partir de estas características socialmente esperadas.
Recordemos que la sexualidad se encuentra presente durante toda la existencia humana, pero en la adolescencia se vive y manifiesta de manera un poco diferente a como se expresa en otras etapas de la vida. En este período surgen sensaciones e impulsos de tipo sexual que se encuentran relacionados con los cambios biológicos que enfrentan todas y todos las adolescentes. Los cambios hormonales provocan que se tengan deseos y fantasías eróticas, que se quiera sentir placer físico a través del propio cuerpo y del cuerpo de otros, especialmente de quien te gusta.
La forma de vivir estos cambios y procesos tiene que ver con características personales (como el sexo, la edad o la personalidad) y sociales (la cultura, el nivel educativo, la religión, etc.), así como con las reacciones y demandas del mundo que te rodea. Resulta común que, en los primeros años de la adolescencia, las y los jóvenes se aíslen un poco del mundo que les rodea, prefiriendo pasar más tiempo a solas consigo mismas/os. Esto se encuentra relacionado con la sensación de incomodidad con el cuerpo por lo rápidos y fuertes que son los cambios. Es aquí cuando vuelve a aparecer la autoestimulación (ya que de niños o niñas también se viven estas experiencias, solo que no tienen por finalidad alcanzar el orgasmo sino explorar el cuerpo) y las fantasías (o “soñar despierto”) que permiten liberar los deseos e impulsos sexuales que se están sintiendo.


