En realidad lo que se debe tener claro desde un primer momento es que el deseo es el mejor motor para llegar al máximo placer y además, para que ambas partes se sientan plenas y realizadas. Así, una vez que esta idea es interiorizada, resulta bastante fácil poder identificar cuáles son las propias necesidades y saber sobre todo, cuándo estas han sido satisfechas, por tanto, el mundo emocional que rodea a la pareja se verá totalmente enriquecido.
Así, las inhibiciones son verdaderamente un obstáculo para conseguir un libre deseo y un total placer sexual. Pero hablando del sexo oral en sí, entiéndase que cuando el pene en reposo se encuentra en la boca de una mujer, este puede ir de una media erección, llegar a hacerse realmente palpitante y finalmente, estallar en un imparable orgasmo y por tanto, una satisfactoria eyaculación. A decir verdad, esta es dentro de las prácticas sexuales, la más deseada ya que ambas partes, mujeres y hombres disfrutan mucho con ella.
Sin embargo, hay que tener claro que no todas las felaciones (se le dice también de esta manera al sexo oral que se le practica al sexo masculino) son lo mismo. Un pene que es succionado por una mujer, retenido por sus labios, lamido incansablemente por una cálida lengua que nunca para de acariciarlo y hacerlo transitar por toda la boca, acariciándolo con los dientes sin llegar a hacerle ningún daño y trayéndolo hacia el final de la garganta, da un enorme placer al hombre, a tal punto que para muchos individuos es mucho más placentero que la penetración en sí (bien sea vaginal o anal).


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Todo el mundo ha soñado alguna vez con un compañer@ que fuera un sabio conocedor del arte amatorio. Como ya os comentábamos en un artículo anterior acerca de los hombres que, sin ser príncipes azules, han logrado estar muy cerca de ser el amante ideal, son conocimientos que se pueden aprender y entrenar.
Sí, esta frase es bastante cierta y no sólo la podemos aplicar al caso de los seres humanos sino también debido a algunas investigaciones que se hiciesen con primates superiores y que revelaron que el comportamiento sexual es cuestión de formación continua. Por poner un ejemplo, los chimpancés que aún son jóvenes, antes de copular lo primero que hacen es observar cómo tienen coito algunas parejas ya experimentadas y después, una vez asimilados dichos conocimientos aplican lo que visto, si bien con mucha inexperiencia en un principio a medida que van experimentando con diferentes parejas, también van mejorando. Sin embargo, sucede que cuando se han observado casos de chimpancés que han vivido en cautiverio y no han podido presenciar experiencias ajenas, entonces, son estos son muy torpes cuando se trata de intentarlo desde un principio.

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¿Quién no ha visto alguna vez un anuncio de
Algunas mujeres utilizan un vibrador después de un largo día de trabajo o de una jornada laboral bastante ardua, es decir que lo utilizan como una herramienta de relajación muscular o como lo haría cualquier persona que da un masaje, pero en realidad su principal uso es para aumentar o elevar la respuesta erótica, ya que es un instrumento bastante seguro y de muy fácil manejo para conseguir orgasmos, y por tanto, un vibrador puede constituir parte de la preparación femenina para una próxima vida sexual con su pareja.
Pasa el tiempo, las generaciones de parejas tras parejas y la pregunta sigue sin responder “¿el tamaño importa?” algunas dicen que si, otras dicen que no y aunque hay muchas maneras de contradecir a los dos puntos de vista, la realidad es que algunos hombres que no tienen un gran 


