
Probar el striptease puede resultar divertido
El pudor es mal consejero cuandos se trata de relaciones sexuales. Muchos y muchas tienen miedo a mostrar sus cuerpos tan cual son, y solo se atreven a hacerlo protegidos por las sábanas o en la oscuridad. Los complejos son normales, y más cuando miramos los referentes con los que tenemos que compararnos: actores, modelos, anuncios publicitarios, etc. Pero deshazte de esas imagenes de perfección que tienes instaladas en la cabeza. La cuestión física es una moda como cualquier otra… Si hace años triunfaban las curvas (culo, caderas y pecho eran la fórmula perfecta) o los músculos en los hombres, si hace todavía más años se llevaban los cuerpos rollizos (¡pregúntale a tus abuelos!), ahora lo que vende son unos cuerpos un tanto más escuálidos.
Tú has nacido con el cuerpo que tienes, como todo el mundo. Y tu pareja tampoco será perfecta. SI has conseguido encontrar el amor, disfrútalo. El interés del striptease no reside en quedarse desnudo y ya está. Lo importante es motivar al otro por medio de la ropa, las texturas, los movimientos sensuales o simplemente una mirada provocadora. En un striptease lo que importa es la forma antes que el fondo. Por lo que olvídate de los prejuicios para poder disfrutar de una sesión de striptease en toda regla. Si no sabes por dónde empezar, puedes recurrir a películas que te sirvan de guía.
Para las féminas, qué tal Kim Bassinger en Nueve semanas y media o una Demi Moore en la película Striptease. Para las memos experimentadas, prueba con un simple gesto, un clásico entre los clásicos: el de Rita Hayworth en Gilda, quitándose un guante, o el de una madurita señora Robinson (Anne Bancroft) en El graduado.
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