Todos hemos salido alguna vez en plan de cacería un fin de semana. Los lugares que hemos elegido como zona de caza han sido muchos pero casi siempre hemos preferido los lugares que congreguen a la mayor cantidad de mujeres posible. Por ejemplo, una discoteca. Este parece ser el lugar ideal para flirtear a nuestras anchas pero llegado el momento a veces nos encontramos con ciertas barreras que nos hacen dudar. No mostramos decisión cuando aparentemente el terreno está allanado. Basta con congelar la escena un momento y dar lectura a la situación que nos congrega. Estamos en un grupo de hombres y cerca de nosotros tenemos un grupo de chicas, ambos grupos cruzan las miradas y es evidente que hay cierta empatía entre algunos de los miembros de ambos grupos. Entonces, ¿Por qué no nos animamos a dar el primer paso? Es difícil decirlo a ciencia cierta pero al parecer una serie de factores confluyen antes de animarnos a entrar en acción. La primera barrera que se nos presenta es sin duda la timidez. No nos creemos capaces de vencer el miedo y acercarnos a la chica que nos gusta. Este seudo temor se ve alimentado porque estamos en grupo y sería fatal recibir una negativa de parte de nuestro objetivo. No sabríamos que cara poner al regresar a nuestro grupo. Pero hay elementos que subyacen a este simple análisis y que podríamos llamar las reglas del flirteo. En efecto, existe una serie de códigos que se debe respetar a la hora de flirtear, no debemos saltarnos los pasos si es que queremos la consecución el objetivo y, aún así, nada garantiza el éxito, porque finalmente es cuestión de química pero eso no lo sabremos hasta que cazador y presa se encuentren frente a frente. Entonces el asunto pasa por conocer estos pasos antes de salvar los metros que nos separan del contacto cercano.

Imagen tomada de Flickr por Señor Bailey
El primer paso es ubicar el objetivo a grandes rasgos. Una vez que esto ha sucedido, el primer paso es llamar la atención según los investigadores norteamericanos Givens y Perder que hicieron sus observaciones en bares a donde asistían personas sin parejas. Notaron que en esta primera etapa, el hombre muestra una postura erguida y firme para luego comenzar a trasladar el peso de su cuerpo de un pie a otro. En esta etapa también se dan movimientos exagerados del cuerpo que buscan llamar la atención de la mujer como por ejemplo al momento de reír. Los hombres se pasan la mano por el cabello y se acomodan la ropa, esto lo hacen casi inconscientemente como parte previa a la segunda etapa que se avecina. En esta primera etapa, las mujeres juegan con su cabello también, pasan la mano a través de él, lo tiran hacia atrás, inclinan la cabeza hacia un lado. También se ríen nerviosamente y se lamen los labios. Tras de esto viene la segunda etapa, la del cruce de miradas. Es en este punto en que el éxito empieza a asomar como una potencial realidad o a perfilarse como un rotundo fracaso. En efecto, si la hipotética pareja es capaz de sostenerse la mirada por unos cuántos seguros y “hablar” a través de ella, es muy probable que algo se logre en contados minutos. En esos momentos, si se ha logrado esa conexión a distancia, las posturas cambian levemente, como mostrando una predisposición y un aligera sonrisa asoma en el rostro de ambos. La segunda fase esta hecha.

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Es fácil volverse un poco perezosa y acostumbrarte al mismo tipo de excitación que has obtenido siempre, pero en verdad ayuda mucho sentirte relajada y segura ya que estas dos situaciones son muy importantes para llegar a la excitación de cualquier mujer (a diferencia de un hombre). Por tanto, te recomiendo que organices todas las cosas de tal formar que más o menos te des una hora para ti. De hecho, te digo esto ya que muchas mujeres que solo le dedican unos diez minutos a una sesión de masturbación y luego, se preguntan por qué no obtuvieron buenos resultados.

