Entrada categorizada en ‘relaciones pareja’

relaciones pareja
¿El poder es realmente relativo?

Quién manda en nuestra relación

En el sexo el poder se mide de acuerdo a la satisfacción del otro
Por María Fernanda, en 1 de Septiembre de 2008

En las relaciones de pareja, el poder puede representarse de dos maneras: cuando se expresa verbalmente con total seguridad o cuando se demuestra un menor interés en que la relación prosiga. A esto se le llama “principio de la pérdida mínima” y es usual que aparezca en los matrimonios, donde la persona que asume que tiene menos que perder tiene un dominio sobre el que se cree que debe mantener a toda costa la relación.

En una relación los problemas acerca del poder son diversos, así por ejemplo si en una familia el hijo sufre un accidente, cuál de los dos esposos debería acompañarlo al médico; o si uno de ellos es trasladado del centro de trabajo a otro país ¿el otro debería abandonar su vida en donde actualmente vive?; o de otro lado, si alguno de ellos se encuentra muy estresado con un dolor de cabeza muy grande, ¿el otro debería apagar el televisor?

Estas son algunas decisiones donde el tema del poder debe enfrentarse de manera conjunta en la pareja ya que si bien es cierto, algunas decisiones se pueden tomar de una manera calmada pero otras pueden generar conflictos sobre todo cuando es solo una de las partes la que va a obtener una mayor ganancia.

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Disfunciones sexuales, Sexo, Sexualidad, Trastornos sexualidad, relaciones pareja
Por amor a vos

Viagra, ¿la pastilla del amor?

El éxito conseguido con el sildenafil (Viagra) ha permitido recuperar la actividad sexual de muchas parejas. Y el narcisismo de todos los hombres que se han visto beneficiados con sus efectos.
Por Miriam Romero, en 25 de Agosto de 2008

La disfunción eréctil (DE) es una condición en la cual el pene no se endurece lo suficiente como para conseguir la penetración cuando un hombre está sexualmente excitado, o bien no puede conservar una erección.

El tratamiento de la DE mejoró notablemente con la aparición del Viagra. La droga ayuda a tener y mantener la erección, facilitando el control de la misma. Pero es necesario tener en cuenta que no incrementa el deseo sexual, simplemente ayuda a mantener la erección a partir de la excitación.

En aquellos casos en que la causa de la DE es puramente psicológica, restituye la confianza, por lo cual muchas veces se indica y luego de un tiempo se va reduciendo la dosis porque la pastilla ya no es necesaria.

Sucede pues que muchas veces la reanudación de la actividad sexual se produce más por la recuperación de la autoestima que por los efectos fisiológicos de la la píldora azul’. Y esto ocurre cuando se considera que la erección es la prueba de la masculinidad. Cuando el hombre tiene la impresión de que la potencia es un “rendimiento” que se espera de él, que se le exige y reclama, sobre todo cuando la exigencia procede de la pareja.

La imposibilidad de erección puede hacer presuponer una falencia que generalmente ocasiona el abandono de las relaciones sexuales, en todas sus formas. Para estos hombres, no poder tener una erección es una frustración de orden existencial. Cuando toman la pastillita mágica pueden sentir que vuelven a tener un pene, lo cual se equipara a sentir que vuelven a ser hombres. Y este pasa a constituirse en el mayor beneficio del sildenafil,: la restitución del ser.

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Sexo, Sexualidad, relaciones pareja

Motivos sanos e insanos para tener un hijo

¿Estamos preparados para ser padres?
Por P. Córdoba, en 23 de Agosto de 2008

Hoy en día tener un hijo es algo para lo que nos podemos y debemos formar y entrenar. Ya existen cursos de preparación al parto, escuelas para padres, incluso programas de televisión que nos dan alguna que otra pauta para afrontar con positividad la paternidad y el cuidado de los más pequeños. Pero, ¿cómo saber si uno ya está listo para tener un hijo?, ¿cómo instruirse para saber si se desea realmente traer un nuevo ser a la vida, y lo que es más importante si se hace por los motivos adecuados?.

Las razones por las que la humanidad se reproduce de forma elegida pueden ser de lo más heterogéneas, y todo hay que decirlo, a veces de lo más irracional o incluso perjudicial. Aunque parezca mentira, y no esté bien visto decirlo, las motivaciones que esconden algunos papás y mamás para dar la bienvenida a un bebé en ocasiones son puramente egocéntricas y se sustentan en emociones, cuando menos discutibles.

No sólo es conveniente elegir el momento en que la pareja va a engendrar un hijo, también es esencial escoger un motivo sano, detenerse a pensar qué cambio trascendental va a conllevar su decisión y concederse mentalmente el tiempo necesario para meditar en ello. Hay quienes tan sólo esperan a que se despierte en ellos el instinto paternal, otros se lo plantean por aquello de “ya me toca”, “ahora o se me pasa el arroz”, y otros acceden presionados a empezar a convivir con pañales y chupetes por agradar al compañer@. La realidad es que la llegada de un bebé supone un ejercicio de gran responsabilidad que merece analizar qué puede haber detrás de algunas razones para ser padre, y si éstas son sanas o insanas.

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relaciones pareja

Tras la crisis, más unidos que nunca

Cómo afrontar con éxito una crisis de pareja
Por P. Córdoba, en 21 de Agosto de 2008

Lo que no te mata te hace más fuerte”, oímos decir ante aquellas dificultades que, lejos de hundirnos, nos hacen resurgir con más tesón. ¿Es esto aplicable a las crisis de pareja?. Existe la creencia de que las tensiones en las relaciones de pareja pueden llegar a tal punto que o acaban disolviendo el vínculo, o terminan por renovarlo y fortalecerlo aún más, una vez se superan. “De todo se aprende” otros dirían, pues bien parece que esto podría adjudicarse de igual forma a los conflictos conyugales.

La primera clave para superar una crisis de pareja es contar con ella, no quedarnos anclados en el “esto no nos podía pasar a nosotros”, pues todos somos susceptibles de vivirlas en algún momento de nuestra historia emocional y afectiva, si bien es verdad que no todo el mundo las vive con la misma intensidad, ni las carga de ultimátum o amenazas que acrecientan la hostilidad y complejidad del asunto. Por eso, tener en mente que nadie está exento de verse envuelto en tal obstáculo marital, hará que probablemente se esté más atento a las señales o primeros indicios de malgaste o insalubridad de la convivencia.

Seamos honestos, estas crisis no aparecen de la noche a la mañana, ni son resultado del cambio brusco e inexplicable por parte de uno de los dos. Generalmente vienen precedidas de: disminución en la comunicación, ausencia de interés por lo que sucede o experimenta el compañero, deseo de aislarse o pasar más horas solos, pérdida de respeto y descalificaciones en las discusiones, prolongados silencios que duran varios días sin intercambiar palabra, cambios en el deseo sexual o frecuencia de los encuentros íntimos, pensamientos continuados de dejar la relación, sentimientos de decepción o desencanto por el otro, etc. Hemos de puntualizar que para que puedan considerarse signos de alarma han de darse de manera reiterada durante un tiempo, puesto que su ocurrencia puntual o circunstancial no se debe necesariamente a un problema de base. No hay que hacer oídos sordos a estas conductas, dejando que se resuelvan con el paso del tiempo por sí solas, pero tampoco es conveniente estar continuamente alerta y dramatizar cada vez que uno de los dos se muestre más distante o enfadado, ya que puede haber multitud de explicaciones ajenas y externas a la relación (estrés laboral, discusiones con otros familiares, alteraciones físicas por problemas objetivos de salud, etc.)

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Cómo boicotear tu relación de pareja

Del desacuerdo a la ruptura
Por P. Córdoba, en 18 de Agosto de 2008

“No es más fuerte el que no se cae nunca, lo es quién se cae miles de veces y siempre se levanta”, dice una frase célebre para reflejar que las caídas y los obstáculos son parte inherente a nuestra existencia, con los que hay que contar y a los que hay que hacer frente, porque con ellos iremos ganando en experiencia, fortaleza y recursos. Lo mismo podríamos aplicar con seguridad a las relaciones de pareja: no son mejores aquellas en las que nunca hay desacuerdos o conflictos, sino aquellas en las que sus protagonistas saben afrontar sus diferencias de manera constructiva y sana, saben ver en la discusión una oportunidad para aprender de sí mismos y del otro, saben aprovecharla para seguir avanzando en su relación a pesar de sus distintos puntos de vista.

Por el contrario, hay quien de una caída hace un drama, se siente la víctima del destino, se bloquea y se tumba a esperar que milagrosamente la vida y la suerte jueguen de nuevo a su favor, sin ayudarlas si quiera. Y de la misma forma, lo aplicaríamos a aquellos vínculos de pareja que en cada discrepancia o fallo del otro, se decepcionan, piensan en abandonar, o se sientan a ver transcurrir los años con la pasiva esperanza de que sea el otro el que cambie su conducta algún día.

Por eso, no son los acontecimientos lo que nos dañan, sino el modo que tenemos de interpretarlos, no es el desacuerdo de pareja lo que nos desmotiva y aleja del otro, es nuestra tendencia pesimista y distorsionada para interpretar dicha disconformidad de manera tremendista o negativa. Es importante observar cómo si a una discusión de pareja, le añadimos ciertos pensamientos negativos acerca de lo que significa, probablemente no sólo sufriremos más, sino que también será más difícil llegar a una solución o afrontar con éxito esa pequeña crisis.

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relaciones pareja

Pareja y aficiones: ¿difícil de conciliar?

Un tiempo para cada parcela de nuestra vida
Por P. Córdoba, en 12 de Agosto de 2008

-“Te vas con tus amigos al bar todos los sábados y los domingos, y yo me quedo aquí como una tonta esperándote en casa”- se queja ella, harta de no formar parte de la vida ociosa de su marido.
-“Los viernes noche de chicas, el tercer fin de semana de mes te vas a hacer un curso de pilates, ahora dices que tienes cena con los del trabajo, ¿y yo qué lugar ocupo en tu vida?“- pregunta él, frustrado por no aparecer en la agenda de su compañera.

Estos son dos ejemplos de cómo algunos tienen serios problemas para llegar a un acuerdo acerca del tiempo que destinan ellos y sus parejas a disfrutar del ocio sin ellos. Hemos de decir que el hecho de tener una relación sentimental o convivencia con alguien no tiene por qué ser incompatible con mantener las amistades o realizar actividades lúdicas o culturales individualmente. Si bien es verdad que las horas destinadas a tal efecto no pueden ser las mismas que cuando se estaba “soltero y sin compromiso”, también es cierto que es sano y deseable que además del “rol de pareja de” ampliemos y cuidemos otros como los de “amigo de”, “socio del club de”, “usuario de la biblioteca”, “deportista”, “miembro de la asociación X”, “hermano de”, etc. No se puede poner un candado a todas esas otras parcelas de la vida social y personal del individuo, supeditando toda su identidad y valía a ser el “cónyuge de”. Todo ser humano necesita relacionarse con otras personas y reservarse espacios de soledad, esté o no esté manteniendo una relación romántica con alguien.

Cuando se está en la fase de enamoramiento, es normal dedicar mucho más tiempo a pensar y quedar con el enamorado que a cualquier otra actividad. Es más, no es extraño ni infrecuente que los protagonistas de este ensimismamiento romántico descuiden sus obligaciones laborales, o concedan menos tiempo a los amigos y a los estudios, porque en esas semanas o primeros meses el foco principal de su atención es aquel que despierta su pasión. Pero esta etapa, como en otros artículos os comentábamos, es temporal y tiene fecha de caducidad, por lo que con el transcurrir del tiempo o bien finaliza la relación o ésta pasa a otra fase más madura y estable, que supone de nuevo un reencuentro con esos amigos, familiares y compañeros que habían quedado un poco abandonados cuando cupido lanzó su flecha.

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Disfunciones sexuales, Salud, relaciones pareja, salud sexual
Esta disfunción puede tener causas psicológicas o patológicas

La aneyaculación

Para muchos hombres puede convertirse en un papelón
Por Antonio Martínez, en 12 de Agosto de 2008

El hombre siempre se ha preocupado por no protagonizar papelones en al cama. Sin duda que el máximo de estos fiascos que se puede llevar un hombre es cuando los “mandos” no responden. Se trata de concentrar pro por alguna razón su mente no logra enfocarse ni alinearse con su cuerpo. Puede ser consciente de que tiene una mujer tremendamente femenina y deseable en frente pero ni así logra operar con normalidad. La temida impotencia asiste a escena. La mujer entonces –sin perder un atisbo de esperanza- se lanza en busca que soltar el nudo, besos húmedos, caricias suaves y abrazos apasionados inundan el cuerpo del hombre que no deja de pensar en el papelón que está haciendo. Se puede lograr algo a medias y las mujeres más hábiles y feromonales logran desentrampar el nudo biológico y volver a la normalidad. Esto se puede deber también a un cuadro de ansiedad momentáneo para no hablar de causas fisiológicas puntuales. Pero en esa misma línea puede ocurrir exactamente la figura contraria y que muchos hombres –inexplicablemente para mí- refieren como otro de los posibles papelones a la hora de tener sexo.

Imagen tomada de Flickr por perla mo ka

Algunos hombres se acercan a consulta médica porque no son capaces de eyacular o de alcanzar el orgasmo. Ciertamente es un problema que puede tener un origen psicológico o a nivel orgánico, o ambos, pero no creo que sea para rotularlo como papelón. Si es justamente de lo que se quejan las mujeres, de que sus parejas terminan el acto sexual más rápido de lo que hierve una jarra de agua.
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Sexo, Sexualidad, relaciones pareja

¿Tiene la pasión fecha de caducidad?

¿A dónde va a parar el enamoramiento después de los 2 primeros años?
Por P. Córdoba, en 5 de Agosto de 2008

Después de una larga convivencia, o incluso tras los dos o tres primeros años de relación, la vida sexual cambia ligeramente para la gran mayoría, y significativamente para algunos. Es verdad, que otros apenas notan diferencias, pero lo más frecuente es que el deseo sexual baje considerablemente para ambos, y la rutina de la cotidianeidad conduzca a una merma de la pasión, los cuerpos se habitúen y las mentes se acomoden en el sillón de la apatía sexual.

Helen Fisher una antropóloga norteamericana tras entrevistar a 800 personas que habían vivido un amor pasional constató que el 80% de ellas afirmaba haber sentido una pasión con fecha de caducidad, pues ésta desaparecía entre los 1 y 3 años. Si unimos a estos datos los de una encuesta de la Universidad de Cornell, (Nueva Cork) que señalaba cómo cinco mil personas entrevistadas de 37 culturas diferentes coincidían en que la pasión duraba entre 18 y 30 meses, empezamos a sospechar que después de ese tiempo las parejas que siguen juntas deben sustentarse en otros pilares más fuertes que dicho sentimiento tan efímeros.

Fisher completó su investigación con otro estudio realizado con la ayuda de la neuróloga de la Facultad de Medicina Albert Einstein de la University College in London, Lucy Brown, que consistió en escanear el cerebro de 34 personas mientras miraban la foto de la persona por la que sentían una atracción física. Al tiempo que la observaban se apreció en las imágenes de estos cerebros elevados niveles de dopamina o noradrenalina, o de ambos, tanto como una disminución en los niveles de serotonina.

  • La dopamina se encarga de las emociones, los sentimientos de placer y la motricidad. Cuando estés enamorado y sientas que se te acelera el corazón ya sabes quien es la responsable.
  • La noradrenalina es la encargada de generar los impulsos y la motivación.
  • La serotonina disminuye su presencia en momentos de enamoramiento.

Con estos resultados concluyó que lo natural es pasar del amor pasional al amor íntimo y maduro entre los dos y 4 años después de haberse unido, tiempo aproximado en el que estos neurotransmisores se mantienen en determinadas cantidades en el cerebro. Después, el amor y la confianza pueden ampliar la relación de pareja una o dos décadas más.

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Sexo, Sexualidad, relaciones pareja

Castigado sin sexo

La intimidad como chantaje
Por P. Córdoba, en 3 de Agosto de 2008

Desde tiempos inmemorables el sexo ha sido una de las monedas de cambio para conseguir alimentos, privilegios o artículos para todos aquellos que o no sabían, o no querían o no podían adquirirlos de otra manera.
Sí, efectivamente las relaciones sexuales se cotizan al alza y con el transcurrir de los siglos vemos que pase lo que pase, estemos en la época que estemos, conllevan un valor que no decrece, porque animan al abatido, alivian tensiones al estresado, desbloquean los enfados de enamorados y acompañan al solitario (al menos durante unos momentos), y todo esto se sabe.

El uso de la sexualidad como bien con el que negociar no es sólo un fenómeno macrosocial, también acontece a menor escala en ciertos hogares donde algunas parejas han aprendido a utilizar su intimidad como peaje o pago en especias al obtener otros beneficios emocionales o pragmáticos.
No es tan extraño escuchar aquello de “le tengo castigado sin sexo”, dando a entender que las veladas eróticas pueden extinguirse si el compañero no se doblega a lo que se le ha solicitado. Y seamos sinceros, ¿no suena esto a chantaje, “si tú no haces … yo no te doy …”?. Quizá en la vida real no se haga tan explícita la coacción, pero puede observarse igualmente si de repente se cierran las compuertas de la pasión cada vez que uno de los dos no se ajusta a las expectativas del otro.

En las décadas anteriores, dado que a la mujer se le asignaba un papel más pasivo (entre otras esferas, en la sexual), su deseo quedaba totalmente supeditado al que tuviera su pareja, por lo que casi nunca podía negarse a hacer el amor con su esposo; ya que de hacerlo, hubiera incumplido con sus deberes conyugales. Con la revolución sexual y la defensa de los derechos de las damas, éstas comenzaron a presentarse como dueñas y señoras de su propia anatomía, y a decir “no” al sexo cuando realmente no lo deseaban. No obstante, aún hoy en general, hay muchas féminas que se sienten obligadas a satisfacer sexualmente a su compañero, y por miedo o prejuicios no se atreven a elegir cuándo quieren tener relaciones sexuales y cuando no. Todo lo más que han logrado es poner excusas o dar evasivas del tipo “me duele la cabeza”.

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relaciones pareja
La necesidad de la tolerancia y la negociación

Aprender de las discusiones de pareja

“El enamoramiento es un estado de profunda perturbación, que no puede evitar el encuentro con su remedio infalible, el paso del tiempo, siempre dispuesto a curarlo espontáneamente” Manfredo Teicher
Por Miriam Romero, en 2 de Agosto de 2008

El enamoramiento ocurre cuando las feromonas y el deseo nos embrujan entorpeciendo nuestros sentidos, gestando en nosotros un estado alterado de la conciencia, una especie de adicción… El efecto es el “encaprichamiento”, inundado siempre por el fuego intenso de la pasión. Esta etapa es normalmente fugaz, usualmente intensa, y con frecuencia absolutamente irracional.

Tomemos la presunción de que el enamoramiento es el punto de partida en la formación de una pareja. Si es mutuo, uno acepta la existencia de una necesidad recíproca de correspondencia, de preocupación por gratificar el narcisismo del otro, para hacerlo sentir bien, para confirmar una ilusión de plenitud. A su vez, la búsqueda de pareja se centra en encontrar a alguien que nos adore e idealice, tendiendo a una relación simbiótica absoluta. Cuando esta ilusión se rompe aparece el conflicto. Se monta una nueva escena, se inicia una lucha por recuperar la autoestima dañada. Y comienzan las peleas.

El terror al rechazo había sido compensado momentáneamente por la ilusión de haber encontrado una garantía contra esa posibilidad. El poder sobre alguien que, fascinado, se reconocía “no ser” sin nosotros, atenuó el miedo a la separación y al abandono.

La indefensión de la criatura humana frente a lo implacable de la realidad y frente a la dependencia de los otros es una frustración que genera impulsos destructivos o ilusiones que llevan al conflicto: no se puede acordar con el otro, pero tampoco se puede prescindir de él. Por un momento la creencia en la autosuficiencia y omnipotencia hacen que la competencia desafíe y ponga en juego la relación de pareja. Falsas opciones, con planteos de situaciones de poder o reconocimiento aparecen como disputas irreconciliables. ¿Quién tiene la verdad? ¿Quién vale más? ¿Quién merece reconocimiento incondicional por amor? ¿Quién tiene más derechos? ¿Quién tiene más deberes?

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