Los mitos sexuales son ideas preconcebidas que las personas tienen acerca de algunos elementos y factores de las relaciones sexuales y del ejercicio de la sexualidad. Aunque los mitos pueden ser analizados desde diferentes perspectivas existen algunos que se relacionan con el género y que implican la limitante en comportamientos o una serie de condicionamiento en las relaciones que se establecen.
Alrededor de las mujeres se han tejido una serie de mitos que implican unas conductas determinadas o una serie de formas específicas de comportamiento de acuerdo a la forma como el mito ha sido transmitido de generación en generación. Estas conductas implican el ejercicio de unos roles específicos y la consiguiente dificultad de explorar nuevos niveles de desarrollo tanto a nivel personal como profesional.
Desde tiempos remotos la mujer ha sido catalogada como un objeto sexual y a raíz de esto se generaron algunos conceptos donde la mujer se constituia en una pertenencia del hombre y sus funciones principales consistían en cumplir con la tarea de la reproducción y además brindarle placer sexual a un único compañero, cuando este lo requiriera, esto independiente de los deseos o necesidades de la mujer. En contraposición los hombres tenían derecho y prelación a experimentar con su sexualidad y tener relaciones con múltiples mujeres. Así, para garantizar que la mujer no explorara su sexualidad , ni tuviera acceso a las relaciones sexuales con compañeros diferentes a su pareja establecido se desarrollaron ciertos artilugios como el cinturón de castidad, el encierro en casas o castillos por tiempos prolongados, diseños especiales en la ropa o accesorios que implicaban altas dificultades, entre otros. Paralelo a esto se empezaron a dar una serie de ideas alrededor del ejercicio sexual de la mujer que garantizaban de alguna manera que ellas no exploraran o se interesaran en esta dimensión y que de hacerlo y querer buscar nuevas experiencias generarían una serie de emociones que podían ir desde la culpa hasta el destierro y la perdida de la seguridad económica, dependiendo de la falta cometida.

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Cuando hablamos de
Sin embargo sabemos que la tendencia es que muchos personas no lo hacen ya que no toman conciencia de los riesgos que corren cada vez que tienen relaciones sexuales ocasionales o con sus parejas estables y esto lo ratifica, por ejemplo, el aumento de los casos del SIDA en el mundo.
“Para estar guapa hay que sufrir”, esta frase se ha transmitido de generación en generación, como si fuera algo que hubiera que asumir tarde o temprano. De hecho, aún hoy es algo que podría decirse que se ha instalado en el inconsciente colectivo femenino. Son muchas las mujeres que se enfrentan cotidianamente a la ardua tarea de teñirse el pelo, depilarse, pintarse el rostro, probar múltiples cremas antiedad, y enfundarse unos zapatos de tacón y punta estrecha, que aglutinan los dedos cual lata de sardinas, pero eso sí ¡dan esbeltez y qué narices, hacen juego con el bolso!
Como si se tratara de un tesoro escondido, se han trazado ya muchos mapas de la
El nivel máximo de


