En la calle está extendida la idea de que el hombre tiene más deseo sexual que la mujer. Esta creencia ha servido durante muchos años para justificar algunas infidelidades por parte del género masculino, aludiendo a que la naturaleza (mayor libido) les dificultaba el decir “no” a la tentación de las relaciones extramaritales.
La reivindicación de los derechos de la mujer en las últimas generaciones la ha dotado de mayor iniciativa en la sociedad y también en la intimidad. Ha quedado demostrado que es susceptible de desear sexualmente al compañero, con lo que se ha empezado a cuestionar la validez universal del esquema que otorga a los varones el lugar número uno en la escala del deseo.
Para comprobar si estamos ante un estereotipo que distorsiona la realidad, o sin embargo es una norma que la refleja, os invitamos a ser críticos, y a tener en consideración algunas variables que pueden influir significativamente en este sentido, antes de precipitarse en sacar conclusiones generales.
Si recurrimos a observar los clientes habituales de sexshop, consumidores de pornografía o prostitución, las encuestas señalan al hombre como comprador mayoritario. La cuestión está en si la mujer no demanda esos servicios porque tiene menos deseo sexual o por factores educativos y sociales. Lo cierto es que muchas de ellas se sentirían cohibidas, juzgadas y culpables si lo hicieran.
El hecho de que haya más mujeres que acuden a consulta por bajo deseo sexual, tampoco es garantía de que lo experimenten en menor proporción, puesto que hay hombres que por deseabilidad social no se atreven a asesorarse por este motivo, ni a expresarlo con sus amigos, ya que creen que la sociedad juzga más severamente al hombre que no tiene ganas de mantener relaciones sexuales, tildándolo de “poco varonil, débil”, etc. En ocasiones, son las mismas mujeres las que censuran más duramente la circunstancia de que sus compañeros no sientan deseo, preguntándose si es que ellas son poco atractivas o es que ellos son homosexuales, cuando en el fondo el hipodeseo sexual por estrés o secundario a fármacos afecta indistintamente a los dos géneros.
Aún así, la idea de que biológicamente el sector masculino tiene niveles más elevados de deseo se ha reflejado en la cantidad de investigaciones que se han llevado a cabo en este ámbito. Lo que sí se ha constatado en un estudio del médico y psiquiatra John Bancroft es que los niveles de testosterona en sangre influyen en el deseo sexual, tanto en hombres como en mujeres, pero no de una manera exponencialmente ascendente (a más testosterona, más deseo), sino que una vez que se llegan a las cantidades normales (distintas para hombres y mujeres) presentar más niveles de dicha hormona no provoca más deseo. Es decir, que tendrán menos libido aquellas personas (da igual el género) con niveles de testosterona más bajos de lo normal, siendo éste cifra diferente según el sexo.
Ahora bien, no podemos descartar otra serie de factores culturales, psicológicos y educacionales, que podrían explicar que el varón se alce con el premio al más pasional de la pareja, puesto que el deseo sexual es algo que se puede aprender, potenciar o inhibir.
Cuando se tiene actividad sexual de forma habitual, el deseo se retroalimenta. Si de repente disminuyen significativamente las relaciones, al principio aumenta el deseo a través de las fantasías y de anticipar la situación que se “echa de menos”. Pero si se deja transcurrir un tiempo y no se retoman, el deseo acaba por ir descendiendo poco a poco.
En el caso de los hombres, la actividad sexual no sólo se inicia antes con el autoerotismo en la adolescencia, sino que se mantiene de forma continuada hasta las relaciones adultas, cuidando e incentivando el deseo sexual. Y es que la sociedad no es tan tolerante con la sexualidad femenina, ya que desde la pubertad la mujer es destinataria de mensajes más represivos e inhibitorios en mayor proporción. Los chicos alardean de las actividades masturbatorias o coitales, las chicas no suelen compartir entre su grupo de iguales sus primeras inmersiones en el mundo de la autoexploración
A día de hoy, teniendo en cuenta la educación sexual tan diferente que han recibido hombres y mujeres, sobre todo de las generaciones anteriores, ¡que menos que contemplar el peso de esas creencias con las que han crecido las féminas en el condicionamiento y limitación a la hora de expresar su deseo sexual real!.
Todo esto ha hecho más probable que la población masculina haya entrenado el deseo sexual desde la niñez, y se lo hayan reforzado, mientras que las mujeres han llegado a la pareja con desventaja en este sentido, e incluso, en algunas ocasiones, con problemas de culpabilidad.
Por eso, en las generaciones más jóvenes no se encuentran tanta desigualdad entre géneros en materia de deseo, ya que empiezan a recibir una educación sexual más equitativa, comienzan a tener experiencias sexuales antes, y por lo tanto no han sido entrenadas en cohibir su deseo.
De todas formas, lo que sí existe es discrepancia en cuanto a la manifestación del deseo sexual. Los ritmos en la respuesta sexual no son los mismos, unas necesitan de más tiempo para excitarse y otros para volver a repetir después de eyacular (periodo refractario). Además, los juegos y estimulaciones también varían, ellos prefieren caricias más intensas y ellas más suaves. El hecho de que la mujer requiera más juegos previos de estimulación para alcanzar la excitación, y valore la sensualidad de las caricias y los besos, no debe ser interpretado como que tiene menos libido, pues tan sólo es un “no” al coito rápido y directo.
Son cada vez más los expertos que defienden que a las mujeres les apetece tener relaciones sexuales tanto como a los hombres, y que en lo que difieren es en las fantasías y estímulos que despiertan su deseo. Los hombres tienen una mayor tendencia a excitarse a través de la vista, o recordando determinados aspectos de episodios sexuales pasados (prendas de vestir, un perfume), mientras que las mujeres encuentran más eróticas las palabras y las caricias corporales.
Foto1: Laurys
Foto2: marthinotf


Añadir a del.icio.us


Comentarios en “Hombres o mujeres, ¿quién gana en deseo sexual?”
Aún no se han realizado comentarios.