En el Complejo de Edipo del psicoanálisis no hay lugar para lo femenino. La falta de pene hace que la niña se reconozca a partir de una ausencia. El destino de la feminidad nunca podrá salirse de la referencia al falo y a la envidia del pene. En el último abordaje que Freud realiza del tema, la mujer es sinónimo de madre. Es decir, la mujer se define como tal por la falta (de pene). Y completará esa falta cuando pueda reemplazar simbólicamente al pene por el falo, y a éste por el hijo: la mujer se constituye como tal, entonces, a partir de la maternidad.
La niña ante la diferencia sexual, dice Freud, “reconoce su castración, la superioridad del varón y su propia inferioridad”, lo cual genera en ella sentimientos ambivalentes hacia la madre, de ternura pero a la vez de hostilidad por no haberla dotado de un pene; así se instaura la “envidia”, situación que la puede lleva a cambiar de objeto de amor, sustituyendo a la madre por el padre o bien, a cambiar la zona erógena, el clítoris (de naturaleza fálica) por la vagina.
Si la transferencia no es completa y el clítoris permanece como el centro de la sexualidad de una mujer, corre el riesgo de sufrir de problemas psicológicos tales como la envidia del pene, hostilidad contra los hombres, histeria y descontento neurótico. Con este fin, el orgasmo vaginal y su sombra, la frigidez vaginal, se convierten en dos componentes centrales de la feminidad freudiana.
De acuerdo con esta explicación, la transferencia de zonas erógenas de las mujeres y la modificación de su organización libidinal las pone en mayor riesgo que a los hombres de sufrir trastornos psicológicos.
Los libros de texto de anatomía de principios del siglo XIX reconocían la existencia del clítoris pero creían que, a diferencia del supuestamente análogo pene, el clítoris era pasivo y no tenia importancia para la expresión sexual femenina.
Sin embargo, en las mejores circunstancias, los freudianos, reconocían que la transición de las mujeres hacia la heterosexualidad estaba repleta de peligros potenciales. Una mujer podía tener éxito en la transferencia de su libido desde el clítoris a la vagina, pero todavía corría el riesgo de frigidez si su fijación original con la madre y su identificación con el padre no se resolvían totalmente. Debido a esta preocupación, los psicoanalistas buscaron comprender y tratar a las mujeres que estaban atrapadas, literalmente, en la tierra de nadie de la frigidez.
Parece pues que desde la aparición del psicoanálisis, “tener o no tener” como indicadores de “ser o no ser” son parámetros que no alcanzan para definir lo femenino. La teoría falocéntrica hizo girar la constitución de la identidad sexual en torno a la castración. Junto con “la envidia y la pasividad” son conceptualizaciones que han provocado fuertes reacciones con propuestas contestatarias. Varias feministas escribieron sobre el significado del placer sexual para las mujeres en una sociedad patriarcal y sus artículos llenaron antologías y revistas desde 1968 hasta mediados de la década de los setenta. Se escribieron artículos polémicos que exploraban la relación entre la sexualidad femenina y la dominación masculina.
Anne Koedt es una feminista estadounidense, y su libro “El mito del orgasmo vaginal” (1968) es un clásico en este tema. Su protesta en contra de las propuestas freudiana ha despertado tempestades. Ella señala cómo la frigidez ha sido generalmente definida por los hombres como el fracaso de la mujer para obtener orgasmos vaginales, cuando en realidad la vagina no es un área de alta sensibilidad y no está preparada para esto. Es el clítoris el centro de la sensibilidad sexual.
La frigidez no es un problema psicológico de las mujeres, al menos no siempre. Se interpretaba que aquellas que se quejaban, sufrían de incapacidad para ajustarse mentalmente a su rol “natural” como mujer. No lograr el orgasmo vía coito era signo de la envidia hacia los hombres, con la consecuente renuncia a la feminidad. Jamás se cuestionó el papel desempeñado por el partenaire.
Muchas fueron las críticas a Freud por haber dicho que el orgasmo clitoridiano era adolescente y que en la adultez de debía transferir el centro del orgasmo a la vagina.
Las mujeres sufrían culposas y consultaban psiquiatras tratando de encontrar la oculta y terrible represión que las había mantenido alejadas de su destino vaginal.
Koedt critica a Freud y recuerda su actitud general hacia las mujeres, a quienes colocó en plano secundario e inferior, siendo los hombres los que constituyeron la base para sus teorías acerca de la sexualidad femenina. “Freud no basó su teoría en el estudio de la anatomía femenina, sino más bien en sus ideas sobre la mujer como un apéndice del hombre, y su consecuente rol social y psicológico”.
Seguidores de Freud intentaron denodadamente lidiar con el problema de la frigidez. La princesa Marie
Bonaparte, sobrina nieta de Napoleón, fue una distinguida psicoanalista francesa y discípula de Freud. Habiendo descubierto una extraña conexión entre la mujer no frígida y la localización del clítoris cerca de la vagina, se le ocurrió que en los casos en que este espacio fuera excesivo y la fijación clitoridiana obstinada, podía efectuarse una reconciliación clitoridiana-vaginal por medios quirúrgicos, lo que beneficiaría la función erótica normal. El profesor Halban, de Viena, biólogo y cirujano, se interesó en el problema y desarrolló una técnica quirúrgica sencilla. En ésta, se cortaba el ligamento suspensorio del clítoris y éste se prendía a las estructuras subyacentes, fijándolo así, en una posición más baja, con una eventual reducción de los labios menores. ¿Habrá sido un intento de cambiar la anatomía femenina para que se adaptara a los postulados del psicoanálisis? ¿O una búsqueda desesperada por conocer el placer?

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1 Comentario en “La enigmática sexualidad femenina del psicoanálisis”
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