Nunca creí que la compra de un simple DVD, me iba a llevar a escribir sobre el tema que quiero presentarles a continuación. Se trata del morbo que algunos lugares nos ofrecen para tener una sesión de sexo apresurada. Sucede que el fin de semana pasado, compre algunos capítulos de la serie Los Años Maravillosos, una de mis favoritas. Inmediatamente me puse a ver algunos capítulos al azar y me topé con uno que prácticamente había olvidado. Se trata de aquel en que el hermano del protagonista, asiste a una boda y se da con la sorpresa de que la novia había sido una ex novia suya o algo así. El hecho es que hacia el final del capítulo, este personaje da a entender que acaba de relaciones con la ya casada, en plena fiesta de la misma. Inmediatamente la mente del espectador se imagina que ambos aprovecharon un descuido de los asistentes para consumar un vertiginoso y angustiante acto sexual, en este caso a manera de recordatorio de una relación que ya habían vivido en el pasado.

Imagen tomada de Flickr por sergis blog
Pero eso no basta para nuestra imaginación que cuenta con un fuerte componente sexual. Nos imaginamos también el lugar donde pudo haberse llevado a cabo el suceso. Lo primero que podemos imaginar es el baño. Quizá una entrada intempestiva de él al baño de mujeres o de ella en el baño de los hombres. Pero eso no basta y nuestra mente, recrea los detalles, casi como si se hubiese desdoblado astralmente y hubiese podido presenciar la escena como un esotérico voyeur. Casi podemos oír como la puerta se cierra de golpe y ambos cuerpos se entrelazan, golpeando la puerta con la espalda de alguno de ellos. Podemos ver las prendas inferiores de el cayendo inexorables y las de ella ascendiendo para albergar el rápido coito.
Casi podemos sentir la tensión de alguno de los personajes –dependiendo del género de cada uno- por el temor de que alguien vaya a interrumpir la sesión intempestivamente. Podemos sentir la respiración acelerada de ambos y esos treinta segundos finales en que el temor se desvanece y se inicia la recta final hacia el orgasmo, en donde poco importa si alguien está viendo o no la escena.
En efecto, los lugares y las situaciones –una dualidad casi indivisible- pueden provocar un tremendo morbo en la pareja que hace que ambos consigan algo que no es frecuente: llegar a un intenso orgasmo sincronizado y en una corta unidad de tiempo. Recuerdo que una ocasión viví una de estas situaciones en la casa de una ex novia. Su madre se encontraba en el piso superior y ya hasta en dos ocasiones había llamado a su hija para que me despidiera ese día. Ambos nos animamos a usar el pequeño baño se servicio para hacer el amor frenéticamente en poco más de un minuto. La adrenalina que sentí en esos momentos fue muy similar a la que experimenté cuando practiqué los deportes de aventura. Pero hay otros lugares además de los baños para tener estos encuentros sexuales furtivos. Recuerdo que era común en las fiestas realizadas en casonas, ver perderse parejas en las oscuridades de los jardines y regresar mucho después, ciertamente con algunos detalles que hacían sospechar la realización de algo más que una conversación. También es clásica la referencia que hacen algunos a hacer el amor en el baño de un avión en pleno vuelo.

imagen tomada de Flickr por bombona 969
También hemos oído de las parejas que lo han hecho en el cine, durante una película y la más conocida en un auto aparcado en alguna playa o plaza, incluso como se hace en el petting. Sin embargo, también están los frikis que aseguran haber hecho el amor al paso en un auto en movimiento o en el elevador de un edificio en horas de tránsito. Incluso cuando se hablo de las posibilidades sexuales del toothing, hubo algunos que refirieron haber hecho el amor en el aula vacía de un lugar de conferencias. Otras parejas más alocadas, se dan maña para tener sexo durante un concierto, quizá tomando como referente lo ocurrido en Woodstock y usando la música como combustible y cómo tapón sonoro de sus exclamaciones. Pero si tomamos la molestia de ver más allá del lado meramente sexual de este tema, podemos estar frente a una invalorable arma para el desgaste de las parejas. En efecto, quizá este golpe súbito de adrenalina, le pueda inyectar a las parejas que han perdido ritmo sexual, una nueva energía a partir de una de estas travesuras. Ciertamente, si alguna autoridad nos descubre en medio de estas prácticas podríamos terminar pasando la noche en el calabozo y con una multa de por medio. Todo sea por salvar la relación. ¿Y usted, lo ha hecho en algún lugar poco común?

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