Los seres humanos nos comunicamos de diferentes maneras que no siempre tienen que ver con la comunicación oral, es decir que nosotros nos manifestamos desde casi todos nuestros otros sentidos corporales para que nuestra comunicación sea mucho más completa, o mejor dicho efectiva.
En tal sentido, la mayoría de las relaciones humanas si bien no incluyen un contacto corpóreo, en el momento que ocurren nosotros, tratamos de controlar tales circunstancias para llegar a sentirnos cómodos, a lo que me refiero es que si por ejemplo, tu suegro te tocase la pierna, lo más probable es que esa comunicación táctil te hiciera sentir humillada, avergonzada y por ende, sería algo impropio de su parte y lógicamente inaceptable; o si por ejemplo, vamos en un bus y este se encuentra lleno de gente y sentimos algún rozamiento o toque de una manera sexual, también nos sentiríamos inadecuados, tal y cual el ejemplo anterior.
Sin embargo, cuando conocemos a una persona y nos enamoramos, entonces, tenemos diferentes formas de entablar esta comunicación táctil, la que va progresando conforme pasa el tiempo ya que va adquiriendo cierta madurez puesto que los códigos entre ambas partes se van nutriendo y se van volviendo cotidianos.
Si bien, en un inicio sólo tocamos las manos (y esto se aplica hasta para los amigos, ya que tocar las manos de alguien que es un conocido no implica algo amenazador o inadecuado, es un saludo más bien). Luego, conforme pasa el tiempo y también la confianza que se desarrolla, se pasa al abrazo y después, al beso y así al mismo tiempo a las caricias (pero no las caricias genitales, sino las que se dan en la cara, en la espalda, en las piernas, etc.).
Cuando finalmente, llegamos a las caricias en los genitales en el cuerpo del otro, y obviamente al acto sexual en sí, no quiere decir que las anteriores formas de contacto se perdieron o se olvidaron sino que más bien forman un conjunto completo de lo que se ha venido trabajando y se seguirá haciendo durante cada año que se mantenga la relación, lo que quiere decir que es un trabajo de continuo.
Así, si hacemos un análisis profundo pero al mismo tiempo general sobre nuestros “códigos de lenguaje”, nos daremos cuenta que estos provienen de nuestros recuerdos de la infancia, cuando éramos bebes y las primeras caricias las recibíamos de nuestra mamá Por lo que desde esos momentos podemos rastrear nuestras zonas eróticas actuales o mejor dicho las reacciones que tenemos sobre ellas.
El prejuicio inculcado por nuestros padres, define en buena medida nuestra conducta al momento de dar o recibir caricias bien sean de condición amical o sexual, y con esto no digo que todos tengamos cierta connotación negativa en cuanto dar o recibirlas, sino que lo óptimo sería caer en la cuenta de ellas y mejorar o afinar nuestras aptitudes.
Por tanto, es muy importante que las personas sean conscientes de lo que están haciendo en determinados momentos y que estén abiertos a los más mínimos cambios de su pareja. Si bien en un principio las cosas pueden ser difíciles sobre todo si la pareja pudiera mostrar algo de incomodidad debido a las caricias que se le da, en realidad debes tomarte un tiempo para que descubras qué es lo que está ocurriéndole. Lo más probable es que tu pareja no quiera decírtelo por una cuestión de vergüenza o porque no sabes qué está experimentando y no sabe cómo afrontar el tema. Por tanto, te recomendaría que te tomes un tiempo para que intentes descubrir qué es lo que le ocurre.
Zonas erógenas
Yo creo que la zona erógena más amplia es la mente, ya que de una manera consciente o inconsciente las personas tenemos fantasías, pensamientos, sueños bien sea despiertos o dormidos. Y durante esa combinación de experiencias que realmente son únicas, en conjunto con nuestras funciones del cerebro, podemos apreciar toda la sensualidad que tiene nuestra pareja. Así, cuando comenzamos a explorar el cuerpo de este, ya estamos excitados. En realidad, se piensa que este proceso está totalmente ligado a la química del cuerpo, aunque este tema sea aún todo un misterio a saber.
En líneas generales, las mujeres pueden responder con mucha más prontitud al contacto que los hombres, debido a que sus zonas erógenas son más amplias (incluyen cualquier parte de sus cuerpos), y tal vez esto se daba a que las mujeres tienen más posibilidades para quedar embarazadas que un hombre, por lo que las recompensas del acto sexual deberán ser muy altas y reproductivamente, nunca se entregaría al hombre.
Si empezamos con la boca, vemos que todo el mundo prácticamente, encuentra que esta parte del cuerpo, es muy estimulante de manera sexual, en segundo lugar los genitales y el área del ano, todo esto mediante caricias dadas con cualquier parte de nuestro cuerpo o instrumento.
Para los hombres, casi siempre las zonas erógenas están en los labios, las tetillas y las inglés (o tal vez debería decir toda el área que está cubierta por los calzoncillos), pero no cabe duda que cualquier otra zona de sus cuerpos también puede experimentar placer siempre y cuando sea la persona adecuada quien lo estimule. Así, podrán erotizar las orejas, los pechos (sobre todo los pezones), la parte interna de los brazos, piernas y también la nuca (que particularmente es muy sensible a una caricia muy delicada).
En líneas generales, las caricias potencian el placer de la persona e inclusive pueden hacer que esta llegue a un orgasmo sin necesidad de una penetración o del acto sexual en sí.

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