Dentro de algunas conversaciones sexuales pueden aparecer terminologías raras que no alcancemos a comprender pero que pueden ser simplemente formas elegantes que reemplazan a antiguos términos que están asociados en nuestra mente con prácticas perversas, más propias de un rito satánico que de un acto sexual. Incluso estos nuevos términos pueden ser utilizados a manera de iniciales y enmascarar en cierta forma el contenido para las personas que quedan fuera de estos círculos. Uno de estos nuevos términos es el llamado BDSM que aparece por toda la red, en foros, portales y blogs con temática sexual abierta. Este término es relativamente nuevo y se asume que apareció casi al mismo tiempo que las primeras páginas Web en la primera mitad de la década del noventa, justamente por la necesidad de un sector de personas que quisieron diferenciarse claramente de las connotaciones del sadismo por un lado y del masoquismo por otro. Sin embargo, esto fue solamente un eufemismo pues el BDSM hace referencia o mejor dicho, incluye el sadismo y el masoquismo como mecanismos válidos dentro de su práctica.

Imagen tomada de Flickr por nicole singslave
En general, se puede decir que el BDSM aglutina toda práctica sexual extrema y poco convencional y la asociación mental en este caso incluiría vestimentas de cuero, antifaces, esposas, látigos, consoladores desproporcionados y objetos de metal en general.
Si descomponemos el neologismo BDSM, tenesmo que la letra B correspondería al término americano bondage, el cual podemos traducir como vendar o amarrar a la pareja, lo que ya implica una dominación y una sumisión. La letra D correspondería al termino americano discpline que se traduce como disciplina de la persona que domina hacia la persona que es objeto de sumisión. La letra S corresponde a Domination & Sumission, nuevamente términos americanos que quieren decir dominación y sumisión. La letra M corresponde a Sadomasoquism o sadomasoquismo. El factor común en la práctica del BDSM, es el consenso entre los participantes y las reglas de la actividad suelen darse antes de que ésta comience o incluso durante el desarrollo de la misma en que se determinan los límites de tolerancia pues hay un dolor de por medio.
Otra característica del BDSM es que los participantes suelen intercambiar de roles y la persona que se desempeña como dominado, pasa a desarrollar el papel de dominador. Las prácticas fetichistas también son parte de la parafernalia de esta corriente y se recrean diversas situaciones apelando a los disfraces y recreando situaciones propias de la esclavitud como personas encadenadas o sujetas a arneses de tortura generalmente utilizados durante la época medieval. Se cree que el BDSM ortodoxo, por así decirlo, pertenecía a la esfera homosexual masculina casi a exclusividad durante la década del setenta. Incluso se dice que ni siquiera bisexuales eran aceptados dentro de estos exclusivos y pomposos círculos. Por otra parte, estos grupos eran muy selectivos y no dudaban en erradicar de sus filas a los que tomaran el BDSM como un juego nada más. Recién en la década de los ochentas, el círculo de BDSM se abre y permite el ingreso de las parejas heterosexuales a estas prácticas con la consiguiente masificación del estilo. También cabe la precisión de que el BDSM hace uso del sadismo y del masoquismo como figuras pero bajo total control, incluso tratan de desterrar drogas y alcohol de estas prácticas ya que desean que la realidad no se altere en ningún momento y sea perfectamente reconocible.

Imagen tomada de Flickr por nicole singslave
Una innovación importante que hizo la cultura del BDSM para diferenciarse de un simple acto de masoquismo o de sadismo, fue incluir la llamada palabra-código dentro de la misma práctica. Era necesario pues en medio de la actividad, frases como “detente, no sigas” eran muy ambiguas y la parte dominante podía asumirla como parte del juego por lo que decidieron implantar una palabra código de especial recordación para los practicantes y que en su consenso signifique que la práctica se detenga en ese punto ya sea por que no se puede soportar el dolor o porque la parte sumisa comenzó a sentirse incómoda. Otra característica muy particular del BDSM es que puede o no incluir el sexo. Existe la corriente dentro de esta comunidad que vive el BDSM como una propia entidad, apartada del sexo y solo encuentra placer en toda la parafernalia que le ofrece y por otra parte hay otra corriente que no renuncia la acto sexual en conjunción con una sesión de BDSM. Además, cada corriente presenta las mismas variantes en cuanto a participación sólo de la pareja o de tres personas a más ya sean del entorno de amigos o personas que han sido contratadas especialmente para la ocasión. Sin duda, otro mundo, con sus propias reglas.


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