Otros, Sexo, Sexualidad

Anafrodisiacos, enemigos del deseo

Cuando el antierotismo se apodera de la cama
Por P. Córdoba, en 6 de Junio de 2008

lencería finaEl mayor generador de deseo se encuentra en el cerebro, en la capacidad de la persona para fluir y concentrarse en las sensaciones placenteras. Así mismo, la mente puede ser la máxima boicoteadora del sexo cuando se dedica a potenciar emociones como el miedo y al ansiedad antes, durante y después de las relaciones sexuales.

El éxito está en gran medida en nosotros, aún así son muchas las parejas que han querido introducir en su intimidad el uso de afrodisíacos (alimentos, esencias) en busca de algo que les ayudara a incrementar su satisfacción sexual. Pero, ¿qué ocurre cuando el efecto es el contrario, es decir, que determinadas situaciones o elementos ejercen sus propiedades anafrodisiacas (capacidad para inhibir el deseo)?. Pues en ese caso, más vale identificarlas para poder afrontar con resolución esas señales de alerta que apagan la llama de la pasión.



Veámoslas detenidamente que, aunque algunas de ellas parezcan de comedia, son verdaderos ejemplos de la realidad:

La estética antilujuria. Pese a la evidencia de que dejarse los calcetines negros y los rulos puestos en la intimidad extingue el deseo de cualquiera, lo cierto es que algunas parejas después de años de convivencia, o por la confianza de la cotidianeidad se olvidan de esos detalles que con el tiempo acaban pasando factura. Así que si eres hombre ¡cuidado con esos calzoncillos al estilo Gandhi, la barba de tres días que no te queda como a Jesús Vázquez ni de lejos, y el pijama de franela de cuando tu abuelo hizo la comunión!. Si eres mujer, no creas que porque lo hagáis a oscuras no notará ese vello en las piernas que intentarás colarle como una nueva moda, y procura tirar a la basura tus bragas a lo Bridget Jones que empiezan a ser más grandes que las faldas de Paulina Rubio!!.

“El aquí te pillo aquí te mato” sin acuerdo. Si el pasar rápidamente a la acción es cuestión de dos, y es elegido por ambos no hay ningún problema. Pero cuando uno, generalmente la mujer, sienta que un anuncio de televisión dura más que el encuentro sexual, de nuevo llegará el frío polar a la relación. Siempre es conveniente disfrutar de los juegos precoitales, del preámbulo de la seducción, incluso cuando se sabe de antemano que “se va a lo que se va”. A los pistoleros del Oeste les vendrá bien recordar antes de disparar que la sexualidad es mucho más que la genitalidad, y que en el sexo de calidad “no hay que ir directo al grano”, porque todas y cada una de las zonas del cuerpo son susceptibles de estimulación. Si la noche de pasión se convierte en minuto y medio de pasión, la experiencia puede actuar como condicionante inhibidor del deseo para futuros encuentros.calzoncillero

Cuando tres son multitud. Para el que opta por relaciones a dúo, escuchar atónito cómo la pareja menciona en pleno acto sexual el nombre de su ex, puede cortarle la respiración, la circulación, y desde luego la erección. Ese lapsus lingue contamina la habitación de un ambiente enrarecido en cuestión de segundos, y una vez que pasa, aunque haya disculpas por parte del despistado, el deseo se va cabizbajo por debajo de la puerta. En otras ocasiones, la cama puede llenarse (imaginariamente) de más gente a la que no se ha invitado, las preocupaciones diarias son capaces de traer en el momento más inoportuno a la suegra, los padres, el jefe y la vecina a la propia mente justo cuando se debería estar de lo más entregado. Y claro, como era de suponer, con toda esa muchedumbre, cual escena del camarote de los hermanos Marx, la cama se hunde del peso, porque sentirse observado por estos seres imaginarios en tal situación bloquea la libido inmediatamente.

Los apelativos del desencanto. Bien está que cada uno en su hogar y con su pareja se denomine cariñosamente como guste: cari, pichu, cuqui, gordi, pipi, en fin…Pero cuando algunos de estos apelativos de andar por casa se trasladan a la cama, más de uno habrá comprobado que no causan el mismo efecto. El clima de la habitación muda de rojo pasión a un rosa tipo Barbie, con el que la pareja puede pasar de comerse a besos a darse un “pico” de buenas noches porque suenan “los lunnis” de fondo.
En el otro extremo, están aquellos que utilizan para las ocasiones íntimas tales seudónimos de motel de carretera, que de no seguir ambos el mismo código habrá quien no sólo se inhiba, sino que además acabe ofendido. Por eso, lo más importante, como os comentábamos en un artículo anterior, es que para que la excitación llegue a través del lenguaje los dos miembros de la pareja han de tener complicidad y hablar el mismo idioma de la sensualidad.

Desincronía sexual. La compatibilidad erótica no es algo que se logra de un día para otro, pues las parejas tiene que aprender a entenderse y a respetarse tanto en lo emocional como en lo sexual. No obstante, siempre es mejor partir de cierta afinidad sexual en lo que a gustos y ritmos se refiere. Cuando existe mucho desfase entre los dos, y lo que para uno es rápido para el otro es lentísimo, y lo que para el otro es tierno y tranquilo para el uno es anodino y aburrido, la escalera que se eleva hacia el deseo puede resquebrajarse.
La excitación puede estancarse si uno de los dos tiene la sensación de que su pareja en el sexo es como una figura del museo de cera. Extrañado se inhibirá pensando que su compañe@ pierde el pulso, cuando simplemente es que es más relajado o pasivo que él/ella. De igual forma, puede que la libido se agote en el caso contrario, cuando la pareja es tan vehemente sexualmente que sus gritos y gestos enfáticos de placer terminan asustando al otro que asiste perplejo a la liberación de la pasión de su pareja, como si de un exorcismo sensual se tratara.

¿Cuáles son los antiafrodisíacos con los que has tenido que enfrentarte tú?

Foto1: asierrod

Foto2: KiKeon

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1 Comentario en “Anafrodisiacos, enemigos del deseo”

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[...] que así se podrá excitar a la pareja y ver a la otra parte excitada, es uno de los mayores afrodisíacos que hay en cuanto al [...]

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