Parece que en la era de la revolución tecnológica, las citas a ciegas hacen su agosto. Se respaldan en el cibersexo, el cual no pocas veces, acaba concretándose en un encuentro presencial, tras varias líneas cruzadas detrás de la pantalla.
Pero lo cierto es, que dichas citas llevan existiendo desde tiempos inmemorables. No hace tantos años, y aún hoy en la actualidad en algunas culturas, los padres han organizado los matrimonios de sus hijos, donde los novios con un poco de suerte se han visto de lejos. Esas noches de bodas pueden etiquetarse como “encuentros en la oscuridad”, pues a pesar de la luz y del contacto tan íntimo, el otro es un absoluto desconocido.
<mención aparte merecen aquellos que, eligen voluntariamente incentivar su vida sexual, intercambiando pasión clandestina con extraños en sitios públicos (cruising). No deja de ser una interacción a ciegas, en la que precisamente el deseo nace de la improvisación y el anonimato.
Luego están las citas, que cuidadosamente han preparado los amigos más cercanos, a modo de celestina casera. A más de uno le han supuesto unas horas de incomodidad ante el extraño ejemplar, que le habían prometido como su media naranja. Esta embarazosa situación refleja uno de los argumentos predilectos de las comedias americanas, en los que el protagonista excusándose con ir al baño, intenta darse a la fuga, mientras piensa “mañana mismo cambio de amistades”.
Otra alternativa es la que pueden facilitar las renombradas agencias matrimoniales. Escogen y buscan al príncipe y la princesa de tus sueños, a través de las estadísticas de programas informatizados expertos en afinidad. Las llamaremos citas a semi-ciegas, pues al tener en cuenta nuestros gustos, se tiene algo más de control.
El formato de seducción, sujeto a la incógnita, tiene sus ventajas también. La novedad, expectación y cierto riesgo pueden ser un incentivo para sentir el tan anhelado flechazo o amor a primera vista. 
A veces es la única forma de conocer a personas, que por sus características, raramente hallaríamos en nuestro contexto cotidiano. Aunque también existen los que, de repente, tienen una cita con su amigo del instituto de toda la vida. Y sí, a ciegas, porque empiezan a verse con otros ojos.
De cualquier forma, para quienes gustéis de tenerlo todo atado y planificado, no es recomendable. Es una opción más, que tampoco ha de convertirse en una competición a la búsqueda desesperada de pareja.
La pregunta que os lanzamos: ¿cita a ciegas o exhaustiva preselección?

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1 Comentario en “Cita a ciegas, ¿incentivo o riesgo?”
[...] de una cita, casi todo el mundo se esmera en el peinado, la ropa que va a llevar puesta, incluso ensaya en el [...]