La elección de otra persona para compartir con ella múltiples experiencias, la atracción física y la sexualidad compartida en forma plena van llevando a la constitución de la pareja. Estas son las bases.
El enamoramiento de los primeros momentos puede o no darse y esto no es índice de que la pareja sea más o menos rica, más o menos duradera. Los estados de enamoramiento van sucediendo en el transcurso de la historia en distintas etapas de la relación. Esto es posible cuando la relación crece, la comunicación se torna más fluida y libre, la sexualidad se enriquece y la presencia del otro acompaña en la vida en un andar conjunto. De esto se trata el amor de pareja.
Veamos entonces algunos de los mitos de los que hablamos:
· La espera del amor rosa, del momento justo, de la otra mitad.
· La creencia de que las casualidades o factores ajenos son determinantes del comienzo y mantenimiento de las parejas.
· Eludir la confrontación, el disgusto, la disidencia, el enojo en aras de “estar bien”.
Todas estas son plagas que corroen la relación y con el tiempo por no quedar sin pareja, se deja de serlo y sigue una penosa convivencia perjudicial para todos. Tener y sostener una pareja depende, además de lo dicho, de un trabajo personal y mutuo. El trabajo, el esfuerzo, el ceder, el dar, el dolor, los disgustos, las frustraciones, los momentos de soledades, son ingredientes necesarios e indispensables. Si ellos tienen una proporción desmesurada a comparación de lo gratificante, satisfactorio, divertido etc. habría que ver si no se trata de una relación patógena.
Dar, frustrarse y ceder y ceder y ceder suele ser una de las “entregas heroicas” que en definitiva tiene el fondo de no querer quedar sin pareja. Negocio bastante desventajoso viendo los resultados de pobreza afectiva y problemas de salud que acarrea esta posición. Crear y sostener una pareja que enriquezca cada vez más a sus integrantes no exime de que se pueda terminar en algún momento con la ruptura de esa pareja, el otro camino es crear, sostener una relación con el objetivo único de hacerlo sólo para no quedar sin ella.
Elegir lo último es tan válido como cualquier otra elección, por otra parte no es cualquier elección, es una elección de no caminar junto a nadie en la vida, relegar la sexualidad, no poder sostener jamás una relación espontánea y sincera, construirse una careta sin la cual no se puede andar, compartir con otro el techo-cama-mesa en donde cada uno es desconocido y hasta inexistente como persona para el otro.
No dejamos de recordar que el amor de pareja tiene sentido en el marco de lo expresado por Saint Exupery “el amor es aquel delicado proceso por el que te acompaño al encuentro de ti mismo“. Con atracción física, sexualidad siempre renovándose, caminar juntos en la vida desechan cualquier miedo a perder la pareja, sin descartar tampoco que esto pueda suceder.
Fuente: Todamujer.com

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4 Comentarios en “El miedo a quedarse sin pareja”
[...] gentileza provenga de quien provenga, pero no nos pasemos, no podemos pretender que el hombre del siglo XXI siga batiéndose en duelo para demostrar sus afectos. Reivindiquemos algunos aspectos de aquel [...]
Bien me es de sumo intéres alquirir conocimiento de estos temas tan importantes par todos, ya que me abre una ventana más de posibilidades o más bien para entender que el amor no es solo lo bello o eso magico… que el amor real se contruye que los conflictos y son una oportunidad para el crecimiento si lo vemos así o bien el conflicto nos puede llevar al declive. Yo estoy aprendiendo a tener mas paciencia y comprencio para con mi pareja ya que su trabajo lo absorve de manera exagerada para mi, sinembargo estare a su aldo para crecer como pareja y como persona, es increible como estando en pareja podemos darnos cuenta de nuestros propios conflictos de infancia, asemos contacto con ellos… creo que es un tema algo extenso y de sumo interes… Les recomiendo el libro de Jorge Bucay y Silvia Salinas AMARSE CON LOS OJOS ABIERTOS. Suerte.
[...] miedo o tristeza a una posible ruptura. Sentir cierta incertidumbre ante la relación, no dar por sentado que el otro estará siempre [...]
[...] A algunas personas, les puede llegar a resultar mucho más difícil que a otras, olvidar al amor de su vida, pero técnicamente, nunca nadie se ha muerto de amor. [...]