Adolescentes, Otros, Sexualidad, erotismo
La virginidad masculina es para los machos. Esa presión no la soporta nadie así nomás

El último estudiante virgen

Varios factores conspiran en la duración de este estado
Por Antonio Martínez, en 18 de Julio de 2008

Una de las mayores preocupaciones en la adolescencia es el sexo. Imagino que para las mujeres el tema es tan cautivante como para los varones pero existe una gran diferencia a la hora de tener las oportunidades para concretar una relación sexual. En este sentido las mujeres llevan notable ventaja pues prácticamente de ellas depende el tener sexo o no, mientras que el caso del varón es distinto. A nosotros, recibir un “no” como respuesta inicial, puede significar una seguidilla de malos resultados que a su vez van incrementando nuestra frustración y pueden crear un efecto de bola de nieve respecto a no haber tenido sexo. Ultimadamente la mujer puede mantenerse virgen por un buen tiempo y esto incluso puede ser motivo de atributo, orgullo y hasta fetiche por parte de algunos hombres. Pero ¿un hombre virgen? Inconcebible pasado los 18 años. Al menos eso dictaba la cultura de mi generación y cada año. Cada mes, cada semana que transcurría, inexorable, se hacía angustiosa. Además, factores externos entran en juego y mucho, aumentando la presión que tenemos los hombres por conseguir el primer encuentro sexual.

Imagen tomada de Flickr por hugoteenlover

La historia de la virginidad del varón, comienza en la escuela y en la época de la pubertad. Los primeros signos palpables de hombría vana apareciendo. El pene va creciendo a un mayor ritmo y pronto nos vemos con un vello pubiano que va asomando. Tenemos aproximadamente entre 13 y 14 años de edad y ya dejamos los comentarios de las películas de ciencia ficción para después. Ahora se comenta alguna película erótica que hayamos podido ver –actualmente sería el último video caliente de Internet-. Empezamos a mirar a las chicas con otros ojos, incluso si hay alguna maestra atractiva, también sentimos deseos hacia ella. Estamos dejando definitivamente en el olvido la niñez. El tiempo sigue transcurriendo y ya empezamos a salir con chicas o al menos lo intentamos, es el caso de los más tímidos.


En algunas ocasiones hay éxito, pero apenas y estamos explorando las mejores técnicas para besar, no sabemos ni en qué dirección vamos pero ya sentimos algunas sensaciones. Tenemos ya las primeras erecciones firmes y sabemos que hay algo mejor que nos espera. El problema es cómo lograr ese tan esperado encuentro.

Para complicar aún más el panorama, las versiones tendenciosas empiezan a circular. Algunos de nuestros amigos nos dicen que ya han experimentado un primer tope sexual lo cual aumenta la presión hacia los que no lo hemos conseguido aún. No hay rigor periodístico y no tenemos manera de confirmar estas versiones, miramos a los ojos de las chicas que supuestamente también protagonizaron ese mismo encuentro sexual pero probablemente es más lo que queremos ver que una mirada que diga algo de por sí. Muchas veces la familia no ayuda mucho que digamos y empiezan a presionar para traer a la primera novia a la casa. La presión sigue en aumento y el tiempo no se detiene. Por otra parte, está la figura del prostíbulo. Algunos de nuestros amigos o amigos de ellos, aseguran haber ido a alguno en más de una oportunidad y lo recomiendan, con nombres propios. Lamentablemente, este hecho ocurrió para quien escribe en los años en que el temor al SIDA estaba en el aire y ni siquiera consideré esta posibilidad. Ya estaba en el último año de la secundaria y Magic Johnson declaró ser portador del virus del VIH. A cualquiera le podía tocar.

Imagen tomada de Flickr por muthagoose escobar

Abandoné el colegio con el invicto en mi haber y sin el menor orgullo por aquello. El plazo se vencía y aún no había tenido mi primera experiencia sexual. Encontré un oasis en la preparación para el examen de admisión a la universidad, me concentré en aquello y esta presión superó a la de la virginidad. En esos momentos ni se me ocurrió pero ambas presiones se terminaron disipando el mismo día. El destino es curioso y sarcástico a veces. Habíamos conocido a un grupo de chicas que esperaban igualmente con ansias los resultados que en esa época se daban con varias horas de diferencia. Había que hacer tiempo y fue en aquel lapso que no se ni cómo pero terminé en casa de una de ellas haciéndole el amor. Fueron seis largas horas en que se puede decir que me gradué. La experiencia en términos cualitativos no creo que haya sido para el recuerdo pero en términos cuantitativos y de expectación vaya que cumplió su cometido. Uno de los fantasmas más temidos de la adolescencia había sido exterminado de raíz. La virginidad masculina.

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