
Lo que es erótico o sensual, es la interpretación que le otorgamos a los diferentes estímulos. Por eso, lo que a uno le parece atractivo, a otro le provoca rechazo. El deseo va filtrado por los esquemas de sensualidad, que hemos ido elaborando, desde nuestra adolescencia, y que nos han ido remodelando la televisión, la sociedad y el arte contemporáneo.
Desde nuestros parientes homo sapiens hasta hoy, el pelo ha ido perdiendo su función para la supervivencia de mantenimiento del olor como estimulante sexual, y ha pasado a convertirse en una cuestión estética. En el siglo XIV hombres y mujeres de las clases altas europeas se afeitaban el pubis, los renacentistas abogaban por la mujer afeitada, y sin embargo los surrealistas fueron unos defensores a ultranza del sobaco poblado femenino.
En la actualidad, la generalidad del rasurado ha empezado a extenderse de las féminas a algunos grupo de hombres, a los que se ha etiquetado como metrosexuales.
Pero las diferencias, no sólo son generacionales, sino interculturales. En Oriente el pelo es un foco de infección del que deben desprenderse, en Occidente hay países más permisivos, y otros son más partidarios de la depilación parcial, no integral.
No obstante, la variabilidad en materia de atractivo sexual, nos recuerda que, a día de hoy:
-Hay quien identifica la vellosidad del pecho del varón, como signo de masculinidad, de protección, y ternura (“mi osito”), o asociado a alguno sex-symbol de la gran pantalla.
-Otros se decantan por los afeitados integrales de los deportistas o las bailarinas de strip-tease, a los cuales atribuyen un mayor autocuidado personal.
-No faltan los que rechazan el pubis femenino rasurado, ya que les parece infantilizado o artificial.
Entre los detractores del pelo, se encuentra España, que está dejando atrás la imagen del macho ibérico peludo, para comenzar incluso a dar relevancia a la depilación de los genitales. Este ritual de peluquería íntima se convierte en un elemento más de seducción para sorprender a la pareja o innovar. De hecho, hay centros de estética que incluyen entre sus servicios: teñir, rasurar el monte de Venus en forma de corazón o estrella.
Algunas parejas incorporan el afeitarse mutuamente las zonas íntimas como u
n juego más dentro de sus relaciones sexuales, describiendo entre sus ventajas: ganar en sensibilidad y accesibilidad en el sexo oral, y facilitar el cuidado de la higiene personal.
La única precaución a considerar es que, si se rasura del todo, se puede experimentar incómodos picores, o un cambio demasiado brusco en la autoimagen, por lo que se recomienda el recortar de forma gradual.
¿Depilación parcial o integral?. ¿un elemento más de seducción o un ritual cultural aburrido?. ¿excitación piel a piel, o incluir la erótica del pelo entre los dedos?. La clave está en respetar los gustos y preferencias de cada uno, dentro de los límites del autocuidado y la salud. Empecemos por preguntar a nuestro compañero: ¿el vello es bello?

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1 Comentario en “La erótica del bello vello”
PERMITANME COMENTARLES QUE PARA MI ES DE LO MAS ATRACTIVO QUE POSEE LA MUJER, SOBRE TODO AL TOCARLO Y LUEGO TOCAR LA SUAVIDAD DE SUS PIERNAS ALLI SE PUEDE DIFERENCIAR PERFECTAMENTE LA SUAVIDAD DE LA MUJER