
Cuando una mujer sufre una violación, no sólo es su cuerpo lo que profanan, usurpan temporalmente sus emociones, y toda su vida mental acaba siendo invadida. Tras un arduo periodo de recuperación física, ocupándose de las heridas corporales o de posibles enfermedades sexuales contraídas, llega la batalla de luchar para rescatar su vida, la que le han robado junto a su intimidad.
Durante algún tiempo no puede evitar que algunos pensamientos de culpabilidad o vergüenza desfilen por su cabeza una y otra vez (“qué estaba haciendo sola, debí haberme resistido más, haber tenido más cuidado, quizá le di a entender…”), buscando en su comportamiento la razón de aquello. Todo esto obstaculiza el que siga adelante, y cada vez que vuelve al dormitorio va acompañada de humillación, culpa y autocastigo. ¡Demasiados en la cama, ¿no?!
Por eso, es importante que pueda tener un espacio donde expresar su sufrimiento, sin evadirse rápidamente y ahogar su pena. Es necesario que el hecho, aunque doloroso y traumático, pueda ser aceptado e incorporado a su historia personal. Recordarlo como algo a lo que sobrevivió, en lugar de algo de lo que fue víctima.
Se hace vital que comprenda que la violación no se relaciona con sus características, comportamientos o rasgos personales, sino que forma parte de su vulnerabilidad de género. No hay nada exclusivo en ella que reclamara aquello. Estos argumentos pueden contribuir de manera significativa a aliviar los auto-reproches, la vejación y la pregunta de “¿por qué a mí?”.
Es bueno que se valoren las estrategias de supervivencia y resistencia que puso en juego durante o después del ataque. Enfatizar en que su autodefensa estaba limitada por la desigualdad de fuerzas y de poder. Esclarecer y reafirmar el carácter imprevisible del hecho.
En un intento por sumarse a sus tareas cotidianas, por retomar la línea de la vida por dónde había dejado de escribir su historia cuando asaltaron su integridad, también afronta el reto de reanudar su vida sexual.
Sabe que lo que en aquella ocasión fue un insulto adornado de sexo, ahora es el juego y afecto que trata de transmitirle su compañero, pero para ella al principio es el mismo baile, en el que no quiere participar. Quiere arrancar a girones la piel que manosearon, porque el tacto y las caricias de ahora siguen recordándole que todo su cuerpo no consintió.
Pensemos que tardará un tiempo en tolerar que alguien se le acerque por detrás o esté fuera de su campo visual, con lo que es entendible que el simple hecho de rozarla en las primeras semanas o meses, le genere un estado de alerta. Tendrá que ir exponiéndose lentamente al contacto y el sexo, que fueron los instrumentos corrompidos por una mente abusadora de poder y dominio.
No es infrecuente que durante la relación sexual se cuelen algunos pensamientos intrusivos sobre el episodio sufrido (“flashbacks”), que interfieren en su satisfacción y crean estados de ansiedad incompatibles con el disfrute.
Existen técnicas de relajación que pueden emplearse para disminuir y controlar los recuerdos desagradables, que no desaparecerán absolutamente, pero sí pueden mudar a manejables, de manera que den lugar a emociones menos intensas y desoladoras.
Aquí es donde el rol de la pareja adquiere especial relevancia en el restablecimiento, arropándola de comprensión y respetando sus tiempos. Para el compañero tampoco es fácil afrontar la situación, porque siente que también han transgredido su intimidad. Impotencia, rabia, y frustración, son algunos de los sentimientos que a veces pueden invadirle y transformarse en reproches hacia ella. Cuando esto sucede la mujer puede reactivar su dolor (revictimización) y desandar todo lo avanzado hasta ese momento. Otra respuesta negativa del cónyuge puede ser eludir el tema y hacer como si nada hubiera ocurrido, conteniéndose de modo represivo.
Todas estas reacciones hacen que sea conveniente que él sea un candidato más para beneficiarse del asesoramiento psicológico y sexológico.
A la hora de reiniciar los encuentros sexuales es aconsejable hacerlo gradualmente. En las primeras fases basta familiarizarse con caricias, abrazos y besos, que vayan fomentando un clima afectivo de confianza, en el que se sienta cómoda, reconfortada y relajada. Concentrarse en “no puedo negarle eso a mi pareja” puede provocarle tal presión, que termine asociándolo con la sumisión que pudo experimentar en el suceso. Su voluntad en toda ocasión ha de ser cuidadosamente escuchada. Es importante que perciba continuamente que siempre puede decir NO, expresar sus gustos y aludir abiertamente a cualquier estimulación que le haya incomodado o disgustado.
Lo que es contraproducente es que se fuerce a sentir deseo, aunque es saludable desarrollar un ambiente que le ayude a despertar su libido. Apagar las luces le originará desconfianza y temor, pues pierde control sobre la situación. La luz, la tranquilidad y un espacio elegido y cálido, le harán sentir seguridad con respecto a la persona con la que comparte su privacidad.
Para que pueda abandonarse a la experiencia de sensualidad, uno de los ejercicios de los que se obtiene mayor provecho es el del reencuentro con los sentidos. Volver a reactivar las sensaciones placenteras del cuerpo, siendo consciente a cada segundo de que son elegidas desde la liber
tad y el cariño.
El masaje es una buena herramienta para reemprender la comunicación con la pareja a través del tacto, el olor, etc. El ritmo lento al desnudarse, el lenguaje afectuoso de las manos en la piel, alternado con palabras de ternura e interés, contribuyen positivamente a envolverla en una nueva vivencia, que irá poco a poco ganando protagonismo en su memoria biográfica. Paulatinamente la pareja conseguirá combinar este tipo de caricias con otras más estimulantes o sensuales.
Si logran renovar el código personalizado de complicidad e intercambio que tenían entre ambos, las relaciones sexuales de nuevo se tornarán una práctica cercana y distendida, donde el sexo será sinónimo de regalo, y no de ultraje.
Es obvio que no estamos nombrando un hecho que se borre u olvide, pero son muchas mujeres las que alzan la mirada y exhiben su máximo orgullo: la supervivencia. La mayoría de las supervivientes de una violación, con apoyo profesional y de sus compañeros, logran gozar plenamente de su vida emocional, social y sexual.

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3 Comentarios en “Las supervivientes de una violación”
estuve casado con una mujer que fue violada a los 17 anos mas nunca tuvo relaciones hasta los 28 que nos hicimos novios luego nos casamos en nuestra luna de miel de una semana estuvimos juntos solo dos veces les juro que era delicado carinoso y muy comprensiva con ella pero esto fue corrollendo nuestro matrimonio hasta que ella me pidio el divorcio , ahora yo tengo dos anos destuido viendo a mis hijos los fines de semana y todo por el maldito que alguna vez la violo ella nunca se recupero de eso teniamos relaciones una vez por mes como mucho pero en fin ella no se deja ayudar y cada dia tiene un caracter peor hoy en dia le digo que la amo luego de dos anos de separacion me e mantenido fiel esperandola y cuando le digo que la amo lo que hace es reirse necesito ayuda estoy con una psicologa tomando pastillas antidepresivas y pastillas para controlar los ataques de panico e revajado 45 kilos estoy muerto en vida y ella me odia cada dia mas de verdad ni la sicologa que fuimos al pincipio la entendio helppppppppppppppp
NO T RINDAS ANDRES TIENES Q SEGUIR LUCHANDO POR ESE AMOR Q LE TIENES A ELLA SIGUE LUCHANDO!
Vaya por delante una cosa:ningúna mujer (a pesar de lo que haya hecho…que las hay) se merece pasar este trago.
Pero hay algo en el articulo que me ha hecho reflexionar y reflexionar en frio. Me refiero a la parte en que la victima se autoinculpa (le di a entender, estaba sola, debería haber tenido más cuidado) y si bien es cierto que tras el delito no te puedes plantear eso, si es motivo de reflexionarlo antes.
Mirad, desde hace mucho, veo que vamos por la vida demasiado confiados, nos creemos que el mundo es bueno y muchas veces nos olvidamos de normas basicas de supervivencia, estimamos que si alguien es guap@ y ademas simpatic@, lo catalogamos como buena persona y no lo sabemos.
Pensadlo, ¿cuantas veces? de fiesta o en algún lugar, vemos a un guap@ de estas, nos acercamos, charlamos, vemos que conectamos y despues ¿a casa o a un hotel?…¿conocemos si le estamos tendiendo la mano a alguien capaz de merecerla o a un depredador?
A esto, Perez Reverte (el escritor) lo catalogaba como “sindrome del Capitan Tapioca”…la verdad espero, que se reflexione sobre ello y la proxima vez se escoga un hotel, ya que si tu acompañante se pone “excesivo” será mas facil que los vecinos te oigan.