Como si se tratara de un tesoro escondido, se han trazado ya muchos mapas de la anatomía femenina para ir en busca del tan renombrado punto G, el cual se ha creado una fama injustificada desde el punto de vista de algunos investigadores, pues piensan que como la existencia de vida después de la muerte es una cuestión de fe.
No fue así para el médico alemán Ernst Grafenberg, al que se le atribuye el descubrimiento de tan erógena zona, situada en la pared interior de la vagina y alrededor de la uretra. La catalogó como el centro donde puede alcanzarse el máximo placer femenino.
Su aparición ha dado lugar a gran controversia, ya que no se ha llegado a un acuerdo científico con respecto a su significado. Pero lo cierto es que tras varios estudios se ha encontrado un porcentaje significativo de mujeres que manifiestan haber experimentado una intensa excitación tras la estimulación de un área situada en la pared frontal de la vagina, en el primer tercio de la entrada, detrás del hueso púbico.
Para adentrarse en su búsqueda es recomendable elevar la entrada vaginal, lo cual puede lograrse recostándose sobre almohadas que dejen las caderas a mayor altura que el resto el cuerpo. Una vez que se ha conseguido cierta lubricación, se estimula con el dedo suavemente y sin presionar la pared anterior (de derecha a izquierda, hacia atrás o circularmente). En pareja, también hay ciertas posiciones que favorecen su estimulación:
- la mujer tumbada boca abajo y el varón detrás suyo
- ella apoyada sobre las rodillas y las manos, y él penetrando por detrás.
- la mujer sentada en el borde de la cama y el hombre arrodillado delante.
Como los colores, elegir las zonas erógenas preferidas es cuestión de gustos, porque lo que para algunos puede ser una parte del cuerpo llena de sensibilidad y sensualidad, para otros puede llegar a ser incluso molesto que le toquen ahí. Por eso, si bien hay mujeres que estimulando el punto G han encontrado un lugar con el que poder sentir profundos orgasmos, otras en cambio, lo único que sienten es ganas de orinar.
No obstante, esta área íntima se ha convertido en algo tan venerado que, obsesionados con dar en el centro de la diana, muchos se olvidan de que la sexualidad bien entendida es un proceso, un viaje del cual se puede ir disfrutando, aun cuando no se sepa el destino, porque por otra parte, el final del trayecto no es único, ni tiene que estar prefijado de antemano.
Resultado de este empeño obsesivo, algunas mujeres han empezado a recurrir a la medicina para aplicarse una sustancia que consigue ampliar el punto G, de manera que se vea facilitada su localización. Hablamos del método GSA (por sus siglas en ingles: G-Spot Amplification), es un compuesto de colágeno, especialmente elaborado y procesado para ello, y que ha sido aprobado por la FDA (Food and Drugs Administration), para inyectarse en dicha zona erógena. 
El primero que lo puso en marcha en EEUU fue el ginecólogo y cirujano cosmético David Matlock, quien quiso buscar una alternativa no quirúrgica para intensificar el placer sexual femenino. En realidad, este procedimiento funciona de modo similar al que se emplea en las inyecciones para incrementar el grosor de los labios, pero en este caso la pequeña dosis de colágeno natural (llamado Fascian) se acaba infiltrando en el aclamado punto G. Esta sustancia lo que provoca es una ligera inflamación, de modo que este área se aumenta considerablemente, siendo así más accesible y fácil de estimular (para los que andaban desorientados en busca del “arca perdida”).
¿En qué consiste?. Dentro de lo que cabe, no es una técnica invasiva, pues es una inyección indolora de unos 8 segundos, que se lleva a cabo con anestesia local. Un detalle que no se puede menospreciar es que antes de colocar el colágeno el médico debe revisar y comprobar la ubicación justa del punto, pidiendo a la paciente que se lo señale.
Media hora después, la mujer puede estar en su casa, aunque para disfrutar plenamente de los beneficios tendrá que dejar transcurrir al menos 4 horas hasta tener relaciones sexuales. No es necesario repetir el procedimiento hasta pasados 4 meses, tiempo en el que está estimada la duración de sus efectos.
Para las más aprensivas hemos de decir que no hay posibles complicaciones, pues no se han encontrado ni molestias durante el coito ni efectos secundarios para la salud, todo lo más que puede ocurrir es que no obtengan los resultados esperados, sobre todo para las que ya antes de someterse a dicho método no estaban seguras de haberse familiarizado con la mítica zona.
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Lo que sí puede suceder es que algunas féminas tengan la continua sensación de estar excitadas, mostrándose hipersensibles a la estimulación, aunque probablemente es más una sensación subjetiva, fruto de saber que esa área se ha desarrollado en la intimidad de su anatomía. De hecho, las hay que pueden empezar a sobrevalorar dicho foco erógeno en sus relaciones sexuales, y hacer de ello una preocupación constante, olvidándose de que es un medio para sentir placer, no un fin en sí mismo.
Hay otro sector de mujeres que considera esta alabanza al punto G como algo desmesurado, coincidiendo en que el primer puesto en el ranking de fuentes del placer femenino le corresponde al clítoris por goleada en terminaciones nerviosas, nada más y nada menos que cerca de unas 8000 (el doble que el glande del pene).
En resumen, mientras que algunas se llevan las manos a la cabeza rechazando el colágeno en el punto G, movidas por el pudor, miedo o la incomodidad de llevar sustancias del mundo de la cosmética en sus “adentros”, otras piensan “si me tiño el pelo, uso cremas de las más variadas y publicitadas propiedades antienvejecimiento, ¿por qué entonces no utilizar todos los adelantos que tengo a mi alcance para estar bella y sensual por fuera y por dentro (nunca mejor dicho)?”
¡Y es que la medicina estética no tiene límites, y llega hasta los más recónditos lugares de nuestra intimidad!
Foto1: Familia Janeir
Foto2: Pako


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