relaciones pareja
La necesidad de la tolerancia y la negociación

Aprender de las discusiones de pareja

“El enamoramiento es un estado de profunda perturbación, que no puede evitar el encuentro con su remedio infalible, el paso del tiempo, siempre dispuesto a curarlo espontáneamente” Manfredo Teicher
Por Miriam Romero, en 2 de Agosto de 2008

El enamoramiento ocurre cuando las feromonas y el deseo nos embrujan entorpeciendo nuestros sentidos, gestando en nosotros un estado alterado de la conciencia, una especie de adicción… El efecto es el “encaprichamiento”, inundado siempre por el fuego intenso de la pasión. Esta etapa es normalmente fugaz, usualmente intensa, y con frecuencia absolutamente irracional.

Tomemos la presunción de que el enamoramiento es el punto de partida en la formación de una pareja. Si es mutuo, uno acepta la existencia de una necesidad recíproca de correspondencia, de preocupación por gratificar el narcisismo del otro, para hacerlo sentir bien, para confirmar una ilusión de plenitud. A su vez, la búsqueda de pareja se centra en encontrar a alguien que nos adore e idealice, tendiendo a una relación simbiótica absoluta. Cuando esta ilusión se rompe aparece el conflicto. Se monta una nueva escena, se inicia una lucha por recuperar la autoestima dañada. Y comienzan las peleas.

El terror al rechazo había sido compensado momentáneamente por la ilusión de haber encontrado una garantía contra esa posibilidad. El poder sobre alguien que, fascinado, se reconocía “no ser” sin nosotros, atenuó el miedo a la separación y al abandono.

La indefensión de la criatura humana frente a lo implacable de la realidad y frente a la dependencia de los otros es una frustración que genera impulsos destructivos o ilusiones que llevan al conflicto: no se puede acordar con el otro, pero tampoco se puede prescindir de él. Por un momento la creencia en la autosuficiencia y omnipotencia hacen que la competencia desafíe y ponga en juego la relación de pareja. Falsas opciones, con planteos de situaciones de poder o reconocimiento aparecen como disputas irreconciliables. ¿Quién tiene la verdad? ¿Quién vale más? ¿Quién merece reconocimiento incondicional por amor? ¿Quién tiene más derechos? ¿Quién tiene más deberes?

La disposición amable y el respeto por el otro esconden siempre el deseo inconsciente de dominio, de ser el único, el mejor, el más grande, el más digno…. Y cuando esto se pone en juego aparece un desconocimiento de aquel del cual nos enamoramos. Teníamos la suposición de que el otro daría la respuesta por nosotros esperada y no se aprovecharía de la vulnerabilidad que nos generó la admiración e idealización hacia él. Se instala entonces la lucha, la descarga, la agresión. La confrontación directa lleva a la exasperación y a la impotencia.

El narcisismo es arrogante y soberbio, tiende a aprovecharse del otro en cuanto las circunstancias lo permitan. Esto no nos hace arrogantes y soberbios siempre. Un deseo edípico infantil, inconsciente, pretende que el otro esté a nuestra disposición incondicionalmente. Y esto aparece frecuentemente en actos, burlando el control de nuestra consciencia, sorprendiéndonos en medio de una discusión que se nos aparece como irresoluble.

Cuando las fuerzas narcisistas de uno u otro lado se imponen, el pacto inconsciente que dio lugar a la conformación de la pareja se rompe. La frustración y el enojo no nos permiten pensar más allá.

Es común que el reencuentro se produzca a partir del sexo. Y que no se converse ya sobre lo sucedido. El sexo funciona allí como mágica reparación, el deseo sexual parece superar las diferencias reforzando la fantasía de que ‘somos irresistibles’ para él o ella. La solución real del conflicto se pospone, aunque creamos momentáneamente que todo ya pasó.

En algunos casos se abre luego una instancia de reflexión que permite recolocar los elementos en juego. El reconocimiento de la necesidad del otro, la tolerancia y la negociación pueden ser de gran ayuda. No existe otra forma de dar continuidad a una relación de dos. Tolerar significa reconocer la subjetividad del otro, aún con aquellos aspectos que no nos gusten. Negociar supone resignar una parte a cambio de que el otro resigne otra parte. La negociación busca en conjunto la satisfacción de ambos, pues el amor obliga a que el otro sea feliz, y aquello sólo es posible si le aceptamos como es.

La decisión de estar en pareja supone una renuncia al narcisismo, ya no podré ser exclusivo demandante, como en los primeros momentos del vínculo materno-filiar. La relación adulta impone reciprocidad, ya no incondicional como en el enamoramiento, condicionada ahora a la resignación de la exclusividad y a la atención de las demandas de otro con el que decido compartir y estar. Amar siempre es un riesgo, es jugarnos todo por el otro. Y el riesgo es que nos dejen de querer, puesto que si amamos dejamos al otro en libertad de elección.

La relación de pareja es mucho más que ‘amor’, existen “contratos” explícitos e implícitos. En ellos se establece las normas de convivencia de la pareja. La tendencia saludable debería poder escuchar sin juzgar, expresar sentimientos y describir con precisión nuestras necesidades, reforzarnos positivamente de manera recíproca, generar una comunicación clara, negociar, saber afrontar y resolver los problemas que se presenten, proteger, controlar nuestra rabia, ayudar a que el otro controle su rabia, aprender a hacer pausas en la relación, reconocer nuestros mecanismos de defensa, identificar el sistema de defensa de nuestra pareja, definir con precisión las reglas y cumplirlas. Si la pareja reconoce la individualidad del otro, cada uno acepta la posibilidad de mantener y crear espacios personales, sin descuidar el espacio común.

La etapa final se da cuando ambos reconocen su soledad, recién entonces pueden amar sin restricciones. Amar es estar solo. La pareja permite la soledad. Esta distancia es la que facilita la circulación del deseo sexual que muchas veces se pierde con la invasión de espacios y de tiempos. Entonces, revive la pasión, se descubren nuevas facetas en la personalidad del otro, se aprende a ingresar a su mundo con la seguridad de que será protegido. No se lucha por el poder, caminan juntos hacia metas conjuntas, sin entorpecer las metas individuales.

Fotos: http://search.creativecommons.org/#
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