Una pareja supone el acuerdo implícito entre las partes que permite que cada uno obtenga un beneficio vital de la relación que los vincula. Existe una primera etapa en la cual ambos creen que han encontrado todo lo que siempre añoraron: es el período de enamoramiento, en el cual el reconocimiento mutuo renueva la autoestima y otorga un particular sentimiento de seguridad y poder, usado frecuentemente para sortear cualquier obstáculo. Pero luego, la realidad impone un coto a estas fantasías: aparece una tenaz y dramática competencia que da por tierra tantas ilusiones alimentadas ingenuamente.
El ser humano se encuentra naturalmente motivado para reproducirse y para convivir. Pero no tanto para respetar al otro. Inevitablemente aparece el deseo de ser el que más derecho tiene. Este deseo es común a toda criatura humana, a pesar de que parezca irracional. Lo bueno: el hombre tiene capacidad de razonar y reflexionar sobre cualquier problema; pero instintivamente la ilusión y la fantasía tienen mucho mayor poder que la razón reflexiva.
Cada uno intenta por su cuenta que el otro cumpla con sus caprichos. Sólo la razón puede poner límite a esto y controlar el odio que genera tal denegación
Necesitamos permanentemente el reconocimiento de aquellos que son importantes para nosotros. Esta necesidad surge de nuestra naturaleza humana. Es decir, lograr ser importante para alguien que es importante para uno. Pero no hay ninguna necesidad natural de dar ese reconocimiento. La necesidad de otorgar el reconocimiento es un mal menor que la experiencia enseña a ofrecer para obtener como respuesta el reconocimiento positivo.
¿Cómo es el hombre que se deja dominar? Un hombre que se siente, en principio, tremendamente atraído, seducido, encantado. Puede mostrar masculinidad en toda su expresión, presentando una actitud galante, caballerosa, de respeto y atención. Ante la mujer irradia seguridad y autoconfianza. Es posible que haga exhibiciones de masculinidad en determinados contextos, como es el caso de alardear del éxito profesional o de las conquistas que otrora hizo, intentando recibir desde fuera una afirmación de potencia.
La mujer desea contemplarlo fuerte y poderoso y lo maneja con sus expectativas, adulándolo cuando cumple con ellas. El se identifica con la imagen que ella proyecta, de noble caballero o galán y eso lo hace crecer por sentir que es como siempre quiso, como era de esperar, su autoestima pues se encuentra ahora enaltecida y exaltada.
La admiración femenina le es completamente necesaria y si no la tiene se derrumba y eso ella lo conoce, aunque en el fondo presiente que las cosas no son así, pues en realidad lo cree débil.
El hombre aparece como el “supermacho” fuerte, que rinde en el trabajo, con afán de triunfo en la vida, hombre duro y frío ante las emociones y sentimientos y ella todo lo contrario: exageradamente expresiva en lo relativo a sus afectos y alienándose en la dependencia de él.
Así las cosas, se deja dirigir por ella casi sin darse cuenta. Pero cuando reaparecen las primitivas
dudas sobre sí mismo y muestra la imperiosa necesidad de protección (pasiva), estas necesidades son inmediatamente rechazadas por ella, al connotarlas como “debilidad”: no desea ver signos de este tipo en su compañero; es ella la que desea ser cuidada.
Dicho de otra manera: con la muestra de estas necesidades se van a hundir las aspiraciones a la “grandeza caballeresca” necesarias para ser admirado, convirtiéndose en objeto de desprecio o denigración. Así, él se siente avergonzado de sus propias debilidades y considera el desprecio de ella como el justo castigo por su fracaso, aguantando todo cuanto se le viene encima.
Ella, al verlo en tal estado, muestra la necesidad de activarlo y ponerlo en movimiento y, para lograrlo, busca con gran refinamiento sus puntos flacos, como es el caso de: desnudarlo públicamente si le importa demasiado la imagen, darle celos con un conocido si es sensible a la infidelidad, tener algún tipo de contacto extramarital, etc. Es curioso contemplar cómo él sigue aguantando estoicamente, a pesar de los casi constantes enfados de ella, colocándose en la posición de “santo” o “mártir”.
Cuando se produce la crisis se afecta todo, incluidas las relaciones sexuales. En tal caso, ella pide lo contrario de lo que en realidad desea: tener contactos íntimos, quejándose de modo coincidente de la falta de interés de él; pero, al llenarse todo de exigencias, dichas relaciones no funcionan, pudiendo aparecer un cuadro de impotencia. De ahí pueden partir otras nuevas exigencias provocando en su compañero más impotencia y culpabilidad al no poder satisfacerla, entrando en un círculo vicioso. Estos fenómenos parten de que estas mujeres han observado que cuando han mostrado (o fingido) placer en los contactos íntimos con su compañero, éste se ha sentido revalorizado. A la larga, se dan cuenta de que el papel sexual de su pareja está en sus manos, pues saben que se conecta con la reafirmación que les prodigue y el fracaso está servido tan pronto como no se sienta seguro del apoyo de su compañera; si esta no se lo otorga, es muy probable que caiga en la impotencia.
Ella ha logrado hacerse desear como objeto sexual. Al ser el objeto del deseo, ha logrado crear una dependencia. Y ser el objeto deseado otorga el poder.
Ser deseado como objeto sexual es el reconocimiento más importante que una persona puede recibir de otra. Hacerse desear para ser valorizado por el otro debe ayudar a mantener el interés en compartir y disfrutar mutuamente los momentos valiosos. Hacerse desear alguna vez aleja también el fantasma de la infidelidad. Pero si se abusa del poder, lo acerca.
La autoestima depende del reconocimiento que otorgue y obtenga. La dependencia es tanto más intensa cuanto más dure el vínculo. Lo que crea fricciones, a partir de la dependencia, es el abuso que se tiende a hacer del poder que otorga.
La tendencia es universal. Las diferencias son sólo cuestión de medida.

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3 Comentarios en “Cuando un hombre se deja dominar”
el hombre que le gusta ser dominado es porque a mejor desde la infancia le gustaba que su mamam le gritara y lo castigara con un par de nalgadas o un cinturon a eso se debe a hombres sin fuerzas de voluntad ante la mujer. ya que despues de eso corrian a su madre para pedirle perdon a causa de querer una caricia de retribuicion de su madre. estas madres dominantes llegan a tener futuros hijos asi. y asi sucecivamente en esto ellos ven a la mujer como su segunda mama. no se si han dado cuenta pero la mayoria de los hombres actuan como ninos y otros son dominantes lo que quiero decir que segun un nino sea criado en un ambiente distinto asi sera.
hay distintas clases de hombres esta el machista,el caballeroso,el mariflor el bugarron,el transexual,el golpeador,el mujeriego,etc.todos estos son hombres y no hay ninguno que haya probado mujer,ya que en mis investigaciones el hombre es hombre donde quiera no importa su forma de vida o su forma sexual.hay hombres que son esclavos que son mazoquistas que mientras mas les den quieren son esclavos del sexo ya que sin el sexo no pueden vivir hay tambien hombres bisexuales que tambien le gustan que los dominen lo que quiero decir con esto que no importa tu horientacion sexual si te gusta que te dominen y te golpeen ya prvenga de un hombre o una mujer siempre ante tu pareja seras considerado un debil de caracter y asi ellos se aprovecharan de tu lado debil ya que tu lo has permitido.
esta muy bien ……………. que el hombre sea dominado.