La intimidad ha estado siempre relacionada con la sexualidad y el carácter corporal del amor. Sin embargo, el
concepto actual amplía sus límites, reconociendo también a tal respecto una expresión que integra lo afectivo, lo intelectual, lo espiritual.
Podríamos pues definir el placer como el sentimiento de intimidad que produce el encuentro con el otro, no reductible ni a la sexualidad ni al sentimiento de protección ni a la valoración en el área de la autoestima. Con encontrarse, sentir una sensación intensamente agradable de confianza, aceptación mutua, reciprocidad, placer por compartir, también la sexualidad, aunque no necesariamente la genitalidad.
Es así que pretender intimidad involucra a la persona toda. Aún más allá o más acá de las relaciones de pareja, también se disfruta plenamente el compartir un trabajo, una experiencia intelectual o divertida en intimidad.
Pero lo íntimo produce pudor: tiene que ver con lo personal, con lo privado. Por lo cual, permitirse una experiencia de de este tipo supone exponerse a una situación de vulnerabilidad. Puede aparecer el miedo a la invasión, al sometimiento o al daño por lo que se considera la puesta en juego de lo más propio de cada uno, por mostrarse honestamente, como uno es, desde su interioridad. Entre más nos acercamos a alguien, más grande es potencialmente el dolor. Es el temor al dolor lo que frecuentemente nos aleja de la búsqueda de la verdadera intimidad.
El sentimiento de intimidad surge en relación a un otro al que se reconoce como separado, manteniéndose un sentimiento de diferencia. Se vive como que se comparte algo importante de la mente del otro, sean sus sentimientos, sus ideas, sus intereses y se le hacen vivir los propios. Es un sentimiento de unión en el seno de una diferencia percibida, unión que produce tanto más placer porque no anula la diferencia: somos diferentes pero sentimos, pensamos, igual. Uno existe para la mente del otro y el otro en la de uno, y se siente que ambas mentes tienen algo importante en común. Es la tensión entre separación y unión la que posibilita el placer de la intimidad. Por ello no es fusión total.
En este sentido, a veces se confunde un vínculo simbiótico con una relación íntima. La simbiosis supone falta de maduración emocional, tal como ocurre con esa relación primaria de la madre con el bebé en la cual ambos, dependientes entre sí, se transforman por un tiempo en uno, para luego ser dos individuos independientes. La simbiosis, pues, da cuenta de dependencias infantiles, no de intimidad.
Encontrar una persona con la cual se pueda establecer un vínculo íntimo no es fácil. Supone compartir una misma sensibilidad, tener una misma sintonía, vibrar con la misma frecuencia, permitiéndose además conservar el propio lugar.
En cuanto al género, la extrema sensibilidad de la mujer hace que le resulte más fácil intimar. Por su naturaleza, la mujer puede conectarse más fácilmente con sus sentimientos y emociones, y en general puede también expresarlos.
El varón en cambio, es más práctico, está urgido por proveer, para satisfacer las necesidades externas, materiales, es más renuente a buscar momentos de intimidad, aún cuando se supone están dadas las condiciones para ello, como por ejemplo en los encuentros sexuales. Para algunas personas la cuestión de la intimidad es algo que ni siquiera está planteada en sus mentes. Basta que la propia necesidad sexual se satisfaga. Sería necesario que, como todo el que pretenda intimar, se aboque a la tarea interior de hurgar en sí mismo, de saber más acerca de sus emociones y sentimientos, necesidades y deseos. La posibilidad de dar lugar a la ternura, aún en un encuentro sexual, no es fácil para algunos hombres. Sabiendo incluso cuan importante es para las mujeres, cuánto sirve para despertar su erotismo.
Claro que en la excepción se confirma la regla. Y seguramente las excepciones son tantas… pero aquellos que no pueden encontrarse íntimamente con su pareja suelen esconder inseguridades, temores o debilidades. Muchos tienden a separar lo sexual de lo afectivo, aún en relaciones de pareja firmes y de larga data, dejando la intimidad para las amistades. Otros evitan el compromiso afectivo, cambiando de partenaire permanentemente.
El beso, las caricias son elementos que promueven la intimidad de la pareja. Cuando la intimidad participa de una relación sexual, se entrecruzan sentimientos, pensamientos e impulsos, integrándose cuerpo y alma, dando lugar a experiencias vitales. Pero para llegar a ello se requiere de la confianza, la aceptación mutua, la reciprocidad, el placer por el compartir. Es un proceso que no se da de una vez y para siempre, se va creando paulatinamente y requiere ser alimentado para que subsista.
Si bien se supone que la relación sexual es un momento de máxima intimidad física, no siempre existe junto con ella la intimidad emocional. Esta sólo se logra si se pueden compartir fantasías, necesidades, deseos, sentimientos, tanto de lo sexual como de la relación en general.
La comunicación es una conducta sexual fundamental. Cuando aparecen sentimientos desagradables durante la actividad sexual, o simplemente falta de sensaciones o de estimulación erótica, puede ocurrir que se evada la situación o se finja en lugar de contar al otro lo que realmente pasa. El disimulo de la insatisfacción también esconde inseguridad. Y lo peor, lleva a la frustración, inevitablemente, conduce al deterioro de la pareja.
En una época en que la superficialidad, la velocidad y el estrés dominan nuestra vida, los encuentros de pareja son a veces más de lo mismo. Los miedos, las carencias, la insatisfacción, hacen que el sexo sea utilizado para combatir la soledad. Y muchas veces, tampoco lo logra. Pero en general, la disociación del sexo y el amor, cuando se repiten o se sostiene en el tiempo, está indicando presencia de dificultades para el compromiso, primero con uno mismo, y luego, consecuentemente, con la otra persona.
Imágenes: http://www.artistasdelatierra.com

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1 Comentario en “El poder de la intimidad”
Hola!!
En primer lugar decir que el artículo me parece muy interesante. En segundo lugar, me halaga que hayas escogido mi dibujo de la pareja (titulado “Deseo y Amor”) para acompañar tu artículo. Agradecería mucho que mencionaras mi nombre como autora… o sea, Vakeiro.
Muchas gracias!!:)