relaciones pareja
Las parejas deben respetarse mutuamente y sumar a la relación

Repartiendo las tareas domésticas

Mejor que colaborar, es involucrarse en el proyecto de vida
Por Antonio Martínez, en 12 de Septiembre de 2008

Una gran ventaja para muchos matrimonios de los tiempos actuales es la contratación de una empelada del hogar. Estas personas ayudan mucho a las parejas a llevar las cosas de la casa. Sin embargo, tiene el domingo libre y es generalmente ese día cuando los problemas pueden surgir en el seno del hogar. Además de esto, muchas parejas no pueden contar con los servicios de una empelada del hogar ya sea por motivos de seguridad, económicos o simplemente porque se trata de parejas que apenas están dando sus primeros pasos dentro de la convivencia. Lo cierto es que aquí el tema medular del asunto es la repartición de los trabajos domésticos de la casa de manera equitativa. En efecto, pos hábito, costumbre o herencia, el hecho es que la mujer siempre termina haciendo más que el hombre, al menos dentro de la casa. He notado –y me incluyo- que una vez terminado el desayuno por ejemplo. Los hombres seguimos bien sentados en la mesa, por lo general leyendo el periódico de cabo a rabo, mientras nuestra pareja se apura en recoger los platos que acabamos de utilizar, inmediatamente pasa a lavarlos, secarlos y guardarlos y luego a botar toda la basura que se haya acumulado, junto con la limpieza de la cocina.

Imagen tomada de Flickr por kinoks

Es muy probable que haya terminado y nosotros sigamos aún leyendo. Esta es una escena típica del domingo en que las empeladas del hogar están en su día libre o puede ser una escena cotidiana a la hora de las comidas de una pareja que no cuenta con los servicios de estas empleadas. La verdad es que no hay justificación válida para esta inequidad. Basta con darse cuenta que ambas personas están viviendo bajo el mismo techo para que el sentido común dicte un reparto equitativo de las tareas. También es cierto que para lavar los platos o asear la casa no se necesita mucha destreza. Caso distinto de una tarea como el planchado de la ropa por ejemplo, quehacer en el que muchos hombres demostramos nuestra tierna inoperancia. Sin embargo, existen otros quehaceres en los que podemos bien colaborar. El asunto se reduce entonces a una comunicación efectiva con la pareja acerca de este tema, y la manera detallada del mismo será lo que mejor resultado brinde a la pareja.

En efecto, cuando las reglas son claras desde un principio, la relación marcha de un muy buen ánimo. Cada uno de los componentes de la pareja sabe las tareas diarias que tiene que hacer y puede distribuir mejor sus tiempos libres tanto para la pareja como tal, como para su yo individual. Evidentemente, esto tiene gran repercusión en el desarrollo de la vida conyugal. Esto se nota en el hecho de que muchas parejas, liberan su frustración diaria a la hora de tener sexo. Tanto hombres como mujeres, pueden aducir cansancio a la hora de tener sexo, pero en el caso de los hombres, las estadísticas nos dicen que este cansancio es producto de sus propios trabajos, pero en el caso de las mujeres, aducen cansancio respecto a los quehaceres del hogar. Esto cobra mayor relevancia cuando la pareja tiene uno o más hijos. Por lo general, la mujer es la que está tras de cada uno de ellos, sobre todo en el tema de que cumplan con los deberes de la escuela. Muchas veces, ellas tienen que hacer una segunda carrera estudiando a la par de sus hijos.

Imagen tomada de Flickr por yody gabriel

Ni qué decir cuando la pareja tiene hijos muy pequeños, sobre todo aquellos que se despiertan toda la madrugada y obligan a la madre a despertarse. Los especialistas aconsejan a las parejas que ya desde el noviazgo los “deberes” deben ser compartidos y repartidos e ingresar de cara al matrimonio como una unidad. Incluso, algunos estudios demuestran que las mujeres que cuentan con este respaldo del marido, respecto de los quehaceres domésticos, sufren menos enfermedades psicosomáticas y psicológicas que las mujeres que soportan la mayor carga laboral del hogar. Ciertamente, las mujeres que arrastran esta sobrecarga, tienden a ser muy perfeccionistas, casi a nivel obsesivo. En este punto, es importante hacer notar, más que colaborar, debe fijar en su mente la palabra repartir cuando de quehaceres domésticos se habla. No se trata de aliviarle la carga a la pareja, sino de involucrarse con ella en todo un proyecto de vida en que deberes y derechos marchen por igual. Ayuda mucho a la pareja, poner por escrito –juntos- los horarios y las cosas que hay que hacer en la semana, dinámica que además es muy divertida y por sí misma, ay es de gran ayuda para la salud de la pareja.

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