relaciones pareja
La convivencia: una experiencia agradable, o dramática…

Vivir en pareja

Un desafío
Por Miriam Romero, en 14 de Octubre de 2008

La convivencia puede resultar agradable o dramática. Y es bastante común que se pase de un extremo al otro, con el simple paso del tiempo. De las ganas irrefrenables de permanecer todo el tiempo con alguien, a las ganas de aniquilarlo de una vez y para siempre.

¿Cómo hacen los que logran vivir juntos durante años, durante toda una vida? ¿Será que se aman más? ¿Será que se aman menos? Quizás no sea una cuestión de cantidad. Ni siquiera de calidad. Quizás sea cuestión de paciencia… de intentarlo cada día, si es que realmente el amor hace que valga la pena…

Cuestiones humanas, demasiado humanas son la causa de que el vivir con quien uno ama no resulte tan fácil como parece. No es sólo cuestión de decisión. No solo es cuestión de amor y atracción física. En la convivencia se ponen en juego intereses personales.

Al principio, la importancia de la sexualidad domina a ambos. El deseo de contacto físico es permanente, y el estar juntos hace que no se tenga que controlar esa necesidad. Se disfruta la disponibilidad del deseo permanente, y la posibilidad de satisfacción.

El reconocimiento de la pareja mantiene la autoestima alta, brindando un sentimiento de seguridad que nos hace sentir capaces de enfrentar desafíos, con mayores posibilidades de superar cualquier obstáculo que se pueda interponer en el camino. Lograr ser importante para alguien que es importante para uno. Ser deseado por aquel al que deseamos es el mayor reconocimiento que una persona puede recibir de otra.
Pero la realidad se impone. Aparecen experiencias frustrantes. Y la frustración genera hostilidad. Con el tiempo, los dos empiezan a darse cuenta que el otro no llena todos los requisitos fantaseados, y poco tiene que ver con nuestro ideal!. Aparecen en escena otras situaciones, esas cosas de la vida cotidiana: costumbres, hábitos, mañas, intentos de control o sometimiento…Se intenta cambiar al otro, se trata de conseguir que haga lo que uno quiere.

El problema es que cada uno pretende que el otro satisfaga sus deseos. Ambos, a veces al mismo tiempo, pretenden exactamente lo contrario. Solo el raciocinio puede hacernos reflexionar y dar marcha atrás.

La competencia y la tendencia al abuso del poder, convierten a la convivencia en un problema de difícil solución, ya que todos competimos para obtener poder.

El ser humano enfrenta un eterno conflicto heredado de la filogenia: el deseo de usar al otro, convertido en objeto significativo, como, cuando y donde se le antoje; y la necesidad de convivir con él (quien desea lo mismo).

El poder supone saber cómo hacer para que la otra persona haga lo que uno quiere. Si esto se ejerce alternadamente entre ambos miembros de la pareja, la relación es más sana. La negociación es parte de la relación saludable. Supone manejos recíprocos, muchas veces concientes y previamente acordados.
Pero una cosa es el período de seducción inicial, en el cual uno se esfuerza para satisfacer al ser amado y así conquistarlo. Otra es cuando, en lo cotidiano, se instala la demanda, y no tenemos ganas de dejarnos de lado para atender ese requerimiento.

A veces se logra, a veces no. Comienzan los planteos, las preguntas, las dudas: ¿vale la pena el esfuerzo por convivir?
¿Como hacer para respetar y respetarse en la convivencia? La razón anhela vivir en armonía, pero el deseo narcisista de ser el mejor, el más grande, el que más derecho tiene, el que tenga a todos a su disposición incondicional aparece. A pesar de que intentemos negarlo o tratemos de hacernos los distraídos, estos sentimientos asoman, es que son parte de la naturaleza humana! Ambos: tanto el deseo como la reflexión.
A medida que pasa el tiempo, inexorable, se hace cada vez más difícil respetar, tolerar, perdonar, justificar, comprender. La frustración aparece porque la pareja no logra colmar todas las necesidades… a pesar de los esfuerzos mutuos… y se va instalando la impaciencia, la exigencia, el reproche, el desprecio, la intolerancia…Los desajustes asociados a la insatisfacción son muchos y de muy variada naturaleza, pero lo común es que las personas identifican que algo no anda bien en su relación o miran a su pareja como una persona llena de defectos que tiene que cambiar para que se pueda vivir bien.

Además, la necesidad de contar con el reconocimiento genera dependencia. Nuevamente. Como entonces, con nuestra madre. Repetición de un tipo de vínculo infantil. Inevitablemente añorado.
En todos los casos, la sexualidad como ingrediente de la pareja es primordial. Canalizar la hostilidad por las frustraciones diarias en la vida sexual es una forma saludable de dar curso a este tipo de circunstancias. La obtención y la entrega de placer es uno de los recursos más efectivos. Siempre que la actividad sexual sea compartida, no impuesta, deseada y disfrutada por ambos. Donde el respeto mutuo incluya la consideración de las necesidades sexuales del otro. Para lo cual es importante el conocimiento y la confianza, el acuerdo.

La convivencia es difícil, lo cual no significa imposible. Lo importante será que los momentos agradables sean los más.

Expresar afectos fundamentales como el cariño, la ternura, la calidez y la pasión mantiene la llama que enciende la relación. Detalles como no olvidar dar y recibir abrazos, recordar el beso de buenas noches o decir palabras estimulantes y agradables, reconocer los éxitos de la pareja, aceptar que a veces se cometen errores, aceptar en ocasiones que la pareja tiene razón, y no olvidarnos de que en esencia el otro es así, y las personas sólo cambian cuando lo quieren hacer, no cuando se los queremos imponer.

Ten en claro que el respeto mutuo es la clave del éxito. Que es importante el reconocimiento que ambos se otorguen y obtengan del otro. Y que la dependencia, que se va intensificando con el tiempo, es inevitable. Pero no debe ser utilizada en ningún momento para detentar el poder natural que surge de la relación.

Imágenes: http://www.artistasdelatierra.com

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1 Comentario en “Vivir en pareja”

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Tengo 1 año de casada con una nene de 9 meses mi pareja ya no me toca ni me besa duramos más de 3 meses. Sin hacer el amor no permite que lo toque y no le gusta hablar de nuestros problemas que hago?

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