Disfunciones sexuales, Salud, Sexualidad

Aversión sexual: la fobia al sexo

Por P. Córdoba, en 1 de Mayo de 2008

aversión sexualLa vida en pareja puede resentirse significativamente cuando uno de los dos evita a toda costa compartir momentos íntimos. Y esto puede darse a pesar de no mostrar problemas de convivencia y tener los sentimientos afectivos adecuados por el otro.

Lo que menos cabría esperar en mitad de un encuentro amoroso, donde el placer y la exaltación de los sentidos son los protagonistas, es que alguien gritara “no” con expresión de repudio, asco o miedo. Cuando el aumento de tasa cardiaca durante el sexo no se debe a un orgasmo, sino a una crisis de ansiedad, alguien está pasándolo francamente mal. Estas son algunas de las manifestaciones de un trastorno llamado aversión al sexo, de mayor frecuencia entre el género femenino, aunque también hay hombres que lo padecen. Es algo que va más allá de la simple inapetencia sexual o el desagrado ante un determinado juego sexual.

Hablamos de un rechazo intenso por el que se tiende a evitar las relaciones íntimas, y en algunos casos las caricias o expresiones de afecto que puedan ser interpretadas como el preámbulo de un contacto sexual. La persona puede llegar a sentir ansiedad con sólo anticipar un encuentro íntimo o imaginárselo, de hecho a veces se angustia más en los momentos previos, que cuando participa en el acto en sí. No sólo es que no sienta deseo, es que incluso vive el sexo como algo repulsivo y sumamente desagradable.
Con estos sentimientos, y si no se tiene información sobre el problema, es probable que se acabe deteriorando la calidad de las relaciones de pareja. Esta última suele sentirse rechazada, culpable o frustrada.

Es un problema que termina viviéndose como una fobia al sexo, pudiendo haber acompañado a la persona desde siempre (aversión primaria), o haber surgido a partir de una experiencia sexual en concreto (secundaria). Entre las causas podemos encontrar:

  • Un episodio traumático como incesto, abusos sexuales o violación, especialmente cuando no se han tenido previamente otros acercamientos de carácter sexual, puede hacer que el que los sufre quede condicionado, y cualquier contacto posterior que esté relacionado con el mundo de lo sensual o sexual, vuelve a recordarle que fue algo que no eligió.
  • Casos de homofobia internalizada en los que se intenta tener relaciones incongruentes con la orientación sexual, la cual no se acepta por presión social o familiar, autoimponiéndose relaciones con el otro sexo, que a la larga aumentan la probabilidad de ir sintiendo rechazo hacia los contactos íntimos.
  • Una educación cultural o religiosa muy represiva que asocie las relaciones sexuales a algo pecaminoso o negativo, puede hacer que cada vez que la persona tenga sexo se sienta culpable, hasta llegar a inhibirse o rehuir esas situaciones.
  • Encuentros sexuales anteriores en los que por falta de lubricación, confianza con la pareja, o ansiedad se haya experimentado dolor (dispareunia) en los coitos, pueden potenciar en su memoria el recuerdo de la sensación dolorosa durante la penetración, aunque en la actualidad haya desaparecido la molestia física.
  • Las creencias erróneas acerca del sexo también juegan un papel importantísimo a la hora de inhibir el deseo y evitar el contacto íntimo. Si la persona es poco asertiva, es decir, tiene dificultad para expresar sus derechos, opiniones y hablar de sexo con su pareja, tal vez evite el sexo porque se siente incapaz de manifestar lo que le gusta y disgusta, viéndose en la incomoda circunstancia de aceptar por compromiso y pudor propuestas del compañero que le obliguen a adoptar determinadas posturas, juegos o fantasías que van en contra de su forma de ser, intereses o valores.
  • A veces aversión sexual 2se padece depresión, estrés u otras alteraciones del estado de ánimo, y la pareja se muestra poco comprensiva ante el “no” por preocupaciones y tensiones psicológicas. Cuando tiempo después se superan, el protagonista puede sentir aversión hacia el contacto sexual con su pareja en concreto, al recordar los momentos en los que se mostró intolerante e impositiva con su estado anímico negativo. Por eso, muchas veces el rechazo sexual puede ser específico (aversión situacional) y reflejarse sólo ante una persona, pero no ante otros potenciales compañeros sexuales.

No es algo con lo que se tenga que vivir, pues tiene solución, y existen tratamientos que se pueden llevar a cabo, porque si no puede convertirse en una limitación para vivir en plenitud la vida de pareja.
La psicoterapia es una de las opciones a contemplar, en un principio suele ir a las sesiones la persona afectada, y una vez que haya alcanzado determinados logros, su compañer@ se incorpora, pues es importante que no fuerce o imponga, y le ayude a exponerse gradualmente; primero a caricias, besos y masajes en zonas no genitales, para después y respetando su ritmo, pasar a estimular con sensualidad y afecto las zonas más íntimas de su anatomía.

En el asesoramiento sexológico se intenta favorecer su imaginación en materia de sexualidad y enriquecer sus modelos eróticos. Es esencial dejar claro que no hay un referente erótico universal, y que es comprensible que lo que para alguien es estimulante, para otro puede ser molesto, por lo que hay que respetar y ser activo al expresar las propias preferencias sexuales.

Algunas recomendaciones que pueden ser beneficiosas son:

  • Emplear técnicas de relajación que faciliten una respiración lenta y calmada en los momentos previos a la penetración, promoviendo la concentración en las sensaciones físicas, al tiempo que la mente focaliza en el mensaje de “todo va bien, me permito disfrutar, estoy a gusto, estoy tranquilo”.
  • En momentos neutros, sin la pareja, recrearse en visualizar y recordar instantes o escenas íntimas en las que se haya sentido cómodo y excitado. Después de sentir aversión durante mucho tiempo, la memoria se ha entrenado en seleccionar rápidamente los recuerdos negativos, por lo que es necesario volver a ejercitarse en recuperar información positiva, anticipar con emoción y positividad los encuentros sexuales y sus detalles, por pequeños que sean. Basta con evocar una caricia, un masaje, una mirada, o un gesto, y volver a rebobinarla mentalmente a lo largo del día varias veces.
  • Foto1: xfefix
    Foto2: ecar12

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