Disfunciones sexuales, Salud, Sexualidad, Trastornos sexualidad
Una intervención adecuada puede restaurar la respuesta sexual

Disfunciones sexuales femeninas de causa orgánica

La sexualidad de la mujer: multidimensional
Miriam Romero
07:00h Lunes, 24 de noviembre de 2008
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La respuesta sexual femenina tiene características particulares:

- Es fuertemente contextual: el contexto emocional o relacional puede ser un factor determinante para ella.

- La excitación está determinada más por la intensidad y apreciación de los estímulos sexuales y menos por los genitales.

- La excitación es fuertemente modulada por las emociones y cogniciones.

- Las razones y motivaciones de la mujer para la actividad sexual es diversa y diferente a la de los hombres.

- El deseo puede aparecer después de la excitación, es decir, deseo y excitación pueden no ir juntos.

No hay dudas de la complejidad de la sexualidad en la mujer. Por lo que la posibilidad de que aparezcan dificultades parece, en principio, alta. Las disfunciones sexuales femeninas son difíciles de diagnosticar, debido a esta naturaleza compleja, que incluye aspectos subjetivos y factores contextuales.

En general, algunos problemas que pueden contribuir a la etiología o el mantenimiento de la disfunción sexual femenina pueden ser:

Socioculturales: desconocimiento de la propia anatomía y fisiología sexual, prejuicios, expectativas irreales, etc.

De la relación con la pareja: distanciamiento afectivo, resentimiento, aburrimiento, decepción, mala comunicación, terceras partes, etc.

Experiencias negativas: abusos sexuales, relaciones insatisfactorias, etc.

Dificultades sexuales de la pareja: incompetencia de la pareja, eyaculación rápida, disfunción eréctil, etc.

Intrapsíquicos: depresión, ansiedad, estrés, fatiga, etc.

Una buena evaluación es garantía de una mejor intervención terapéutica, con especial enfoque en los factores psicológicos e interpersonales que son determinantes en la salud sexual y por consiguiente, en la etiología y sostenimiento de las disfunciones.

Sin embargo, es importante considerar las causas orgánicas que pueden estar interviniendo con especial énfasis en la etiología de una disfunción. Por supuesto, siempre será el profesional médico quien las evalúe.

Tengamos en cuenta algunos trastornos físicos o fisiológicos:

Las alteraciones del sistema endocrino, el hipotiroidismo, que produce astenia y depresión, las alteraciones del equilibrio de las hormonas sexuales femeninas (estrógenos y progesterona), disminuyen el deseo sexual.

La hormona relacionada con el deseo, tanto en varones como en mujeres, es la testosterona. La hiperprolactinemia (es decir el aumento de la prolactina, hormona segregada en la hipófisis que regula la secreción láctea) al competir con la testosterona contribuye a disminuir el deseo sexual. Esta puede deberse a el stress, que aumenta la prolactina, disminuyendo paralelamente la testosterona.

A diferencia de los hombres la fisiología de la etapa de excitación femenina no se ve tan alterada por las enfermedades vasculares. La frecuencia de patología arterial es mayor en varones. El tabaquismo, factor predisponente a los trastornos de la microcirculación arterial y capilar es de mayor envergadura en la población masculina. Los estrógenos presentes en la mujer hasta la menopausia, ejercen una función protectora que colabora para retardar la aparición de los trastornos circulatorios.

La diabetes insulinodependiente, de larga evolución y mal controlada, puede disminuir la capacidad de excitación, ya que provoca alteraciones en los nervios periféricos Al alterar la capacidad de percibir el estímulo erótico la respuesta excitatoria será menor.

La esclerosis múltiple, por ejemplo, a veces debuta con alteraciones de la respuesta sexual que solamente pueden comprenderse con la aparición posterior de otros síntomas neurológicos.

En lo específicamente genital, las enfermedades infecciosas de la mucosa vaginal (vulvovaginitis) debidas a bacterias, hongos (candidiasis) o parásitos (trichomonas) pueden alterar la etapa de excitación ya que la vasocongestión que en ella se produce aumenta el prurito (picazón) en los genitales externos. Este prurito no permite que la mujer se abandone a las sensaciones eróticas, actuando como una interferencia. La preocupación por la posibilidad de dolor a la penetración (ansiedad anticipatoria) inhibe el despliegue de la excitación.

La continuidad de la respuesta sexual requiere de una capacidad cardiorrespiratoria suficiente como para desempeñar un esfuerzo leve a moderado. Más allá de las fantasías del sexo como ejercicio extenuante se estima que una relación sexual implica un gasto metabólico (medido en consumo de oxígeno) equivalente a subir dos o tres pisos por una escalera. Toda situación clínica que disminuya la capacidad cardiorespiratoria impedirá mantener la actividad sexual por el tiempo necesario como para alcanzar el estado de meseta. No será posible entonces que se produzca y mantenga la congestión de los plexos venosos perivaginales (plataforma orgásmica).

Dentro de las causas más frecuentes se encuentra el asma, que en su momento de crisis aguda dificulta la entrada y salida de aire en los pulmones, con el consiguiente déficit en la oxigenación. El trabajo muscular que se produce durante el encuentro sexual aumenta la demanda de oxígeno. La sensación penosa que aparece por la obstrucción bronquial (disnea) desalienta la prosecución del acto.

Las cardiopatías al restar fuerza a la circulación en condiciones de esfuerzo también producen sensación de “falta de aire”. Claro está que esto aparece cuando nos hallamos frente a una persona que en otras actividades de la vida cotidiana también se ve limitada en su accionar. Pongamos un ejemplo: una mujer que puede caminar diez cuadras, no presenta dificultad por causa cardíaca.

La aparición de extrasístoles (latidos cardíacos fuera del ritmo) si son frecuentes también interfieren por la sensación penosa que la persona percibe. En el hipertiroidismo el aumento de la frecuencia cardíaca aún en reposo (taquicardia) y las extrasístoles son habituales.

Una situación clínica a destacar es el prolapso de la válvula mitral. Si bien puede que su repercusión en la suficiencia cardiorrespiratoria no sea significativa, esta condición clínica se asocia frecuentemente con trastornos por ansiedad y ataques de pánico.

Todas la alteraciones de la anatomía y procesos inflamatorios (infecciosos o no) de la vulva y de la vagina dificultan la penetración. Aunque las causas emocionales son las que más frecuentemente intervienen en la dificultad para la penetración vaginal (vaginismo, evitación fóbica, ataque de pánico) es necesario considerar y descartar algunas causas orgánicas.

Recordemos que el himen es una membrana delicada que se desgarra en general en los primeros coitos, pero de existir un himen fibroso y resistente puede persistir y producir dolor a la penetración. Solamente con un examen ginecológico puede descartarse. De confirmarse el diagnóstico, se resuelve con una cirugía menor.

El descenso de la pared de la vagina, empujada por el contenido abdominal; vejiga urinaria, útero o intestino grueso (prolapso) resulta molesto durante el coito y favorece la alteración de la mucosa vaginal, lo que altera su capacidad de lubricación.

Patologías banales como una candidiasis secundaria al uso de antibióticos también interfieren haciendo molesta o francamente dolorosa la prosecución del coito.

Las enfermedades del sistema nervioso central o periférico, por ejemplo enfermedades desmielinizantes (esclerosis múltiple), metabólicas (polineuropatía diabética, carencial o alcohólica), traumáticas (hernias de disco vertebral, lesiones medulares, secuelas de cirugías oncológicas), impedirán la aparición del reflejo orgásmico y/o su percepción conciente, si afectan estructuras vinculadas al mismo. Solamente con una adecuada evaluación neurológica se puede tener una dimensión de su repercusión.

Estos ejemplos solo intentan dar cuenta de la intervención de factores fisiológicos en algunas disfunciones sexuales que afectan a la mujer, sin que considerarlas conlleve a dejar de lado los factores psicológicos y/o emocionales que, sin dudas, nos afectan a todos.

Fotos:
Mi esposa desnuda y Leda atómica, de Dalí

Comentarios (4)

  • Samanta
    17:49 27 julio 2009

    Al practicar el coito, después de unos minutos, comienzo a sufrir unos dolores insoportables que no me permiten finalizar el acto y por consiguiente, no llegar al orgasmo. Además, en ocasiones, y durante la menstruación, me aparecen unas pequeñas grietas en los labios interiores que duelen y escuecen. No sufro de estrés ni problemas de pareja, pero si me cuesta llegar al orgasmo. ¿Puede ayudarme?

  • daiana
    08:31 12 marzo 2010

    al practicar relaciones sexuales mi pareja me dice que estoy muy seca y cerrada me duele horrores que el introdusca su pene aparte siempre tengo picason y ardor creo que tube sisititis y me medique pero al hacer pis siento como si algo anduviese mal no se que pensar siempre me diagnostican hongos pero no quiero mas ponerme los ovulos no puede ser que nunca se curen puede ser que este todo relacionado lo que me pasa .?? gracias

  • maria
    08:41 12 marzo 2010

    hola puede ser q se me halla cerrado mas la vagina es un problema grabe tengo que preocuparme ?

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