Quizá a más de uno de ustedes le haya sucedido lo que les voy a comentar. El hecho de obsesionarse con una persona sin motivo aparente. Evidentemente uno en ese momento no es consciente de lo que le está sucediendo salvo por algunos comentarios del entorno cercano al notar los cambios de comportamiento. En mi caso la figura más bien vino del otro lado, es decir, fui objeto de una obsesión y sin siquiera proponérmelo. Afortunadamente ahora lo puedo compartir con ustedes como una cariñosa anécdota pero en esos días sí que me llevé un buen susto. En primer lugar porque apenas y había llegado a los veinte años de edad y, a decir verdad, con una alarmante inexperiencia en estos terrenos que, mal que bien, pueden enmarcarse dentro de los dominios del amor, porque ultimadamente eso es lo que piensa la persona que se obsesiona, que está enamorada. Pero en mi caso, los acontecimientos discurrieron de una manera mucho más aparatosa, la cadena de sucesos me hizo sentir como en una película en esos momentos y trataré de recreárselos de la mejor manera posible para que ustedes mismos juzguen si se trató de una obsesión o de algo más enfermizo aún.

Imagen tomada de Flickr por Miguel
Como dije, quien escribe tenía aproximadamente veinte años de edad y como todo joven salía a divertirse un sábado en la noche. Fue así que aparecí junto a un grupo de amigos en una discoteca común y corriente. Bailé, me divertí y tomé unos tragos, nada fuera de lo normal. El ambiente era bueno y, en esas circunstancias, conocí una chica con la que pasé una buena parte de la noche bailando. En cuanto a su nombre, mi mente ha preferido olvidarlo en el fondo del inconsciente pero para efectos narrativos llamémosle Laura. La noche avanzó y llegó la hora de despedirse y para esto, ya había hecho contacto con los labios de Laura. Como todo caballero, le pedí su teléfono y prometí llamarla en la semana siguiente para volver a tener una cita. Así lo hice y nos encontramos en un parque cercano a mi vecindario. Obviamente allí proseguimos con nuestro romance entre besos y caricias apasionadas. Eso fue lo máximo a lo que llegamos. A esa edad y siendo todavía un estudiante, aún no disponía de los medios económicos para consumar nuestra atracción en un hotel y gracias al Destino que fue así, sino no sé que hubiese pasado. El hecho es que quedé con Laura en tener una segunda cita en el mismo parque a la semana siguiente. Estuve puntual allí un día miércoles y ella nunca apareció.
Era raro, esa misma tarde había hablado por teléfono con ella para confirmar nuestra cita. En fin, esperé cerca de media hora y nunca apareció así que m di media vuelta y regresé a casa pensando que quizá algo le pudo haber sucedido. Era hora de comer y pensé en llamarla después de la cena pero me topé con que no había nada cocinado así que decidí salir a comprar algo de comer. A mi regreso, me sorprendió ver a Laura, parada en la puerta de mi casa y digo sorprendió porque ella no tenía mi teléfono y mucho menos mi dirección. Sin salir de mi asombro le pregunté qué le había pasado y cómo llegó a dar con mi dirección. Me dijo que se había retrasado y que se averiguó mi dirección. Algo no andaba bien.

Imagen tomada de Flickr por Roberto Fotógrafo
Mi sexto sentido me indicó que cortara las cosas allí mismo, y así lo hice, indicándole que ya debía entrar en mi casa pues debía estudiar para dar un examen al día siguiente. Laura simplemente se despidió diciendo que volvería. No entendí. Al día siguiente ya me estaba llamando al teléfono hasta tres veces al día, pasaron unos días y se apareció en la puerta de mi universidad a las horas de salida y yo ni siquiera le había comentado en dónde estudiaba. Al principio me pareció hasta gracioso pero luego empecé a sobresaltarme. Nunca me había sucedido nada parecido y, a decir verdad, ya empezaba a notar rasgos anormales en la mirada de Laura. No quise pensar más en eso y supuse que sólo era cuestión de días para que ella se cansara de buscarme. Pues me equivoqué groseramente porque a los pocos días se presentó a la puerta de mi casa y portando una enorme caja envuelta en papel de regalo, mismo obsequio que era para mí y sin ser siquiera mi cumpleaños. Afortunadamente en ese momento yo ya me encontraba descansando y fue mi madre quien la atendió. Lo increíble fue que pasaron dos horas y cuando mi madre se asomó por la ventana, la vio sentada allí, en el muro exterior de mi casa, esperando no se qué o a quién con el regalo. “Esa chica es rara y se viste raro” me dijo al día siguiente. Luego de ese episodio, las apariciones de Laura se fueron espaciando con el tiempo y pude respirar más tranquilo pero hasta ahora una gran incógnita me ronda. ¿Qué fue todo eso?

Imagen tomada de Flickr por Carolonline
Una vez que mi mente asimiló bien los hechos investigué un poco el tema y encontré que pudo haberse tratado de un caso de adicción al amor, en su variante de adicción a una relación en que la persona que presenta el desorden vive obsesionada con la idea de tener una pareja y se enamora de esta idea más que de la persona misma. Sin embargo, bien podría haberse tratado de la obsesión hacia una persona, aunque esta más se da cuando ya existe una relación establecida ya sea de carácter amoroso o de carácter filial como el amor excesivo de los padres hacia el hijo. En cualquiera de los casos el punto de origen es la inseguridad, la inmadurez o la falta de afecto del individuo que presenta el desorden y que le lleva a buscar que compensar esto con una posesión bien marcada. Desde aquella vez me he andado con cuidado cada vez que conozco a una potencial pareja ya que no me gustaría vivir otro episodio al mejor estilo de Michael Douglas en el film Obsesión Fatal.


Añadir a del.icio.us


Comentarios en “Extraña obsesión”
Aún no se han realizado comentarios.