Antes de una cita, casi todo el mundo se esmera en el peinado, la ropa que va a llevar puesta, incluso ensaya en el espejo los gestos y las poses que puedan resultar más seductoras. Dentro de todo este ritual preparatorio, el aseo y el perfume juegan un papel más que relevante, porque como la gran mayoría sabe, el olor puede ser un elemento de gran atracción o rechazo.
En este aspecto hay gente que lo pasa verdaderamente mal, y no porque vayan a acudir al encuentro con la camiseta sudada tras hacer footing, sino por el hecho de tener un olor corporal más fuerte que el resto. Nada que no pueda arreglar una buena ducha y un desodorante especial. Pero ¿y cuando el olor procede de los genitales?. Aquí la incomodidad puede elevarse a la enésima potencia y jugar malas pasadas.
Es algo que suele preocupar mucho más a las mujeres, algunas de las cuales llegan a obsesionarse tanto con este tema, que se hacen lavados vaginales tan frecuentes que acaban alterando el ph vaginal, bajando sus defensas y desprotegiéndose de posibles infecciones. Al final, se muestran inhibidas sexualmente, no disfrutan pensando que a su compañero pueda molestarle el olor, y descartan de sus prácticas sexuales habituales el sexo oral porque están constantemente angustiadas por manifestar un olor fastidioso.
Es obvio que hay que mantener relaciones sexuales con protección y con limpieza, pero es necesario saber que, de la misma forma que las glándulas endocrinas segregan el sudor, existen otras llamadas apocrinas, comunes en hombres y mujeres, que segregan otros fluidos con un olor característico (sin ser necesariamente desagradable), el cual cumple su función en la atracción sexual. En el caso de las señoras, el número de estas glándulas es mayor del que disponen los caballeros, y se ubican alrededor de los pezones, debajo de los brazos, en el ombligo y en los labios menores de la vagina.
Según un estudio realizado por la Dra. Ingelore Ebberfeld de la Universidad de Bremen los olores corporales son poderosos estimulantes sexuales. Preguntó a 432 participantes cómo influían los olores propios y de sus parejas en la calidad de sus relaciones íntimas, encontrando que prácticamente la mitad de los encuestados se excitaban sexualmente con los olores de sus compañeros:
- Algunos (8,8% de los hombres y un 5,5% de las mujeres) recurrían a la ropa anteriormente usada por sus parejas para estimularse.
- La mayoría distinguía entre el sudor de mujeres y hombres, y éstos últimos podían diferenciar los olores vaginales en las diferentes fases del ciclo menstrual.
- Los dos olores más estimulantes para los dos géneros resultaron ser el “olor corporal sin perfume” y el “olor corporal con perfume”. Un dato curioso es que el 26% de las féminas nombraron el “olor corporal después del coito” como el tercero de los más excitantes, mientras que el 43,4% de los hombres otorgó el tercer puesto al “olor de los genitales”. Esto significa que el olor de las zonas corporales íntimas es mucho más erógeno en los varones.
Ahora bien, que los aromas de la anatomía más íntima provoquen efectos eróticos no significa que se tenga que descuidar la higiene diaria, en la que hay que incluir el lavado de los genitales (simplemente con agua y jabón), y el cambio de la ropa interior.
Muchos son los desodorantes que se lanzaron al mercado en su momento para eliminar o disimular los olores íntimos, algunos de ellos especialmente recomendados para garantizar la tranquilidad y el disfrute en el sexo oral. Finalmente no han tenido tanto éxito porque además de disfrazar los olores, un porcentaje de ellos pueden provocar irritaciones.
Los genitales tienen un olor distintivo que no hay por qué modificar, y que varía de una a otra persona en intensidad, según sea el biotipo y otras particularidades fisiológicas. Cuando tienen un olor más fuerte de lo habitual y/o se notan cambios en el color y cantidad de flujo vaginal, semen u orina, entonces puede estar desarrollándose una infección u hongos, en cuyo caso no hay que utilizar ningún desodorante o spray íntimo, sino acudir al ginecólogo o al urólogo lo antes posible para que prescriba el tratamiento oportuno. Otra causa del mal olor puede ser la acumulación de humedad tanto en las glándulas endocrinas como en las apocrinas, dada la acción de las bacterias sobre estas secreciones. Insistimos, nada que una buena rutina de aseo no pueda solventar.
De todas formas, no se nos puede olvidar que “olor fuerte” o “desagradable” son términos relativos, cargados de un componente tanto cultural como subjetivo. En las sociedades o familias donde se enseña a evitar cualquier olor corporal inmediatamente, se tiende a disimular (exageradamente a veces) con fragancias, perfumes, colutorios, spray para la halitosis, etc. En consecuencia las caricias saben a cremas aromatizadas y los besos a caramelos de menta, ¿y el olor natural de la piel y el aliento espontáneo y sencillo de la respiración?
Como en anteriores artículos os comentábamos, es evidente y placentero disfrutar de las relaciones sexuales con todos los sentidos, incluyendo el del olfato, el cual ha sido muy explotado comercialmente por toda la industria de los perfumes y las esencias. De hecho, muchas personas queridas y cercanas son reconocidas y recordadas por el aroma de su perfume, pero nos hemos parado a pensar ¿a qué huele su piel?, ¿se ha perdido su esencia natural en medio de lo que el mercado envasa para todos?.
El olor puede convertirse en un desinhibidor del deseo o en un condicionante para sentir rechazo hacia una persona. Si el olor natural de alguien es percibido como estimulante, se convertirá en uno de los mejores afrodisíacos, llegando incluso a generar excitación tan sólo con evocarlo, aunque el propietario de ese olor ya no esté presente.
Para muchos el olor puede adquirir entonces connotaciones fetichistas, asociando determinados aromas corporales (pelo, piel, genitales) a sensaciones de placer casi de forma inmediata, haciendo de ellos estímulos sexuales de alta carga erótica.
¡A dónde el corazón (o el olor) nos lleve…!
Foto1: dueloaletrado
Foto2: TicTicBoom


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