La pregunta con la que abrimos el artículo de hoy hemos de reconocer que tiene truco, pues realmente esconde un objetivo mal planteado. No tenemos que desarrollar complejas estrategias para salvaguardar nuestra relación de pareja de infidelidades, lo que tenemos que hacer es fortalecerla, cuidarla. El quid de la cuestión no reside en aislar a nuestro compañer@ de posibles seductores que le engatusen, no es vigilarle las 24 horas con continuas llamadas para comprobar que no nos miente, no es revisar su móvil, agenda o ticket de su cartera, etc. Es decir, no se puede precintar la relación de pareja en un envase hermético y aséptico para que no esté expuesto a terceros.
Algunas personas especialmente celosas piensan erróneamente “¡qué mayor garantía de fidelidad que asegurarme de que sólo me mire a mí, y sólo sea mirado por mí!”, reduciendo el espacio social del otro hasta producirle asfixia. Es normal desear que la pareja nos trate de forma especial, y querer que sepa encontrar en nosotros algo inimitable, pero de ahí a coaccionarle para que haga de su vida una isla en la que seamos el único hombre o mujer de la tierra va un trecho, es extremista y absurdo.
Por eso, no tiene sentido desvivirse y sufrir pensado que a nuestro compañer@ le pueden atraer otras personas, lo inteligente es plantearse si nosotros le seguimos atrayendo y si nos sigue eligiendo por encima de todas las demás opciones. La meta ha de ponerse en potenciar nuestra relación de pareja, no en pasarle una y otra vez la prueba del algodón hasta agotarnos buscando señales de infidelidad o censurando al otro en la libertad de sus movimientos.
Para que podamos entender esto con nitidez, consideremos el ejemplo de la salud física. Si nos preocupa tener una enfermedad, no es recomendable estar continuamente auto-observando nuestras pulsaciones, o poniéndonos varias veces al día el termómetro hasta acabar generándonos ansiedad e hipocondría. ¿No será mejor ocuparse que preocuparse, no será más racional dedicarse a cuidar la alimentación y hacer ejercicio?. 
En una pareja no deja de suceder algo parecido, ¡cuánto más supervisemos al otro (como si detectives en busca de la huella infiel fuéramos), más nos alejaremos de encontrar la seguridad conyugal!. ¿Cuándo estaríamos plenamente convencidos de su lealtad?, “hoy no ha quedado con su posible amante, pero, ¿ y mañana?”. Estas dudas nos llevarían a un círculo vicioso, en el que no existe garantía completa a medio plazo de fidelidad, ya que se aprende equivocadamente a sentir que la relación está a salvo si se escucha las conversaciones del otro, se le sigue cuando sale del trabajo, o se vive en perpetuo estado de alerta e hipervigilancia.
Pues bien, no va a ser la que firme el presente artículo la que os dote de un sin fin de ideas para averiguar si os están siendo infieles, dado que prefiero sugeriros alguna pautas para fortificar y estrechar el vínculo que tenéis con vuestra pareja, el mejor antídoto para la infidelidad:
- Ocúpate de gustar a tu compañer@ físicamente, no de si hay otras personas que le resultan atractivas. Si somos capaces de admirar un cuadro, un paisaje, un bebé, ¿por qué no podemos hacer lo mismo con la belleza o la forma de ser de las personas?. ¿Qué hay de malo en que tu pareja valore a alguien como guapo, inteligente o simpático?. Que pueda valorar positivamente a otr@s no significa que quiera mantener con ell@s una aventura. La relación que os une está basada en muchas más cosas que una evaluación de un rasgo concreto, ¿no crees?. Hay muchos países que nos embriagan y a los que viajamos, pero la inmensa mayoría de nosotros vuelve a elegir su tierra para vivir. Cuida tu apariencia y recicla el deseo en tus encuentros íntimos, pero no vivas en continua competición, colocándote una venda en los ojos (a ti o a tu pareja) para juraros fidelidad.
- Ocúpate de preservar la comunicación en pareja. Gran parte de las infidelidades llegan a darse porque uno o los dos miembros de la pareja se sienten solos, estresados e incomprendidos, y buscan en relaciones extramaritales la oportunidad de evadirse, o a alguien que les escuche desde cero con toda la atención. No dejes que pasen días enteros sin comunicaros, reserva siempre unos minutos de la jornada, pase lo que pase, para hablar en la intimidad. Utiliza el humor incluso para “poneros de acuerdo en que estáis en desacuerdo en un tema concreto”, ten siempre la disposición a negociar, sencillamente porque sois dos.
- Ocúpate de renovar la admiración que tenéis ambos, el uno por el otro. Nadie acaba deslumbrado por un tercero, si tiene claro el diamante que tiene en casa. Pero, si olvidamos las razones por las que una vez nos enamoramos, es más fácil quedar fascinado o sobrevalorar los encantos que proyecten otros. Para ello es importante volver a hacer una valoración exhaustiva de todas aquellas cualidades del compañer@ que nos enriquecen y aportan bienestar. De igual forma, es esencial sentir que tenemos siempre algo que enseñar, y algo de lo que aprender en compañía de nuestra pareja.
- Ocúpate de concederle tiempo a esta parcela de tu vida. ¡Claro que hay que trabajar, y atender a los hijos (si se tienen)!, pero una pareja es el mejor amigo, el compañero de fatigas, al que no se puede menospreciar y con el que hay que crear una complicidad permanente. Y esto se refleja también en el espacio que otorgamos a compartir actividades, charlas o pensamientos con él/ella.
Foto2: dulceagonía

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