“Todo empezó cuando tenía unos 15 años, vi las bragas usadas de una de las amigas de mi hermana y sentí un olor atrayente, casi no pude evitar llevármelo a la nariz para poder disfrutar de todo su aroma. Luego, me di cuenta que me excitaba tanto, que me provocaba masturbarme cuando las tenía cerca; así que decidí robarme de cuando en cuando algunas bragas de mis amigas, amigas de mi novia y hasta sus hermanas. Todo lo hago sin que sospechen. Ahora a mis 32 años, coleccionar braguitas usadas sin que nadie se dé cuenta es un arte”
Así empieza Diego a relatar sus experiencias fetichistas ante un público que no se termina de cuestionar lo repugnante que puede ser una práctica sexual de este tipo, es decir el fetichismo que se encuentra dentro de las parafilias sexuales, lo que quiere decir trastornos de la mente y de la identidad sexual.
En líneas generales, una persona fetichista se define como una que tiene fantasías sexuales de manera recurrente y totalmente excitante, además, también experimenta impulsos sexuales o comportamientos que están relacionados al uso de objetos no animados (en este caso, la ropa interior de una mujer) durante un período de tiempo que excede los seis meses.
La ciencia ha podido demostrar que tener un exceso de fantasías e impulsos sexuales provoca en un individuo un malestar que clínicamente significa un deterioro social, laboral o de otras áreas de su actividad; sin embargo, encontramos en diferentes estratos casos de personas fetichistas perfectamente adaptadas a la sociedad, como es el caso de Diego, que viene siendo un fetichista por más de 15 años, hurtando las bragas de algunas amigas sin que estas sospechasen que es una persona cercana quien tiene encuentros sexuales con estas. Así, Diego, oculta su identidad fetichista, y transita del mundo real que le rodea al mundo fantasioso que le da tanto placer.
Sin embargo, si esta fantasía empieza a cobrar alguna víctima o si le trajese más de un problema a Diego con estas muchachas o tal vez sus familiares o sus parejas, esto podría tratarse de una adicción la cual requeriría de tratamiento ya que esto sería como implantarse este tipo de sexualidad en vez de la coital.
Así, en algunos casos se debe recurrir a un tratamiento farmacológico puesto que de esta manera se lograría una disminución de esta parafilia o se podría llegar a su desaparición. Pero ¿Cómo saber cuando esto se trata de una adicción sexual? Pues todo empieza con una enajenación que separa al individuo de la realidad lo que al margen de parecer una desgracia para este, el individuo muestra placer o gozo por tal hecho. Además, si el individuo resulta ser casado o tiene una pareja con la que se encuentra comprometido entonces, dicha práctica sexual le acarreará dificultades porque casi en la mayoría de los casos, la pareja se da cuenta de tal conducta. Sin embargo, el fetichista no se da cuenta que esto sea algo malo, puesto que tal acción es objeto de su amor, es decir que a su lado se encuentra su compañera y no está haciéndole ningún daño porque no hay nada malo de por medio, es decir que no hay un engaño físico o lo que es lo mismo no hay infidelidad física.
Muchos profesionales dicen que se han encontrado con hombres de diferentes edades para lograr una excitación o para poder llegar a un orgasmo necesitan indefectiblemente la ropa interior de una mujer, en caso contrario no pueden ni siquiera llegar a la excitación inicial. Otros, que además de tener una ropa interior femenina necesitan saber que esta tiene algún flujo vaginal, lo que potencia aún más el placer o gozo del individuo fetichista
Todo esto podría verse como una aberración, pero no necesariamente es así, puesto que hay que recordar que es aberrante en tanto el individuo se aleje de la sociedad y pueda convertirse en un agente patológico. De otro lado, también hay hombres que usan calzado con tacones altos y de charol color rojo o negro para representar la misma situación que con la ropa interior femenina. Son dos tipos de objetos que son muy usados y se refieren a la idea del fetichismo; eso no se considera aberrante pues si la persona no se siente mal luego de tal acto, o le persona que es objeto de uso no se siente mal, entonces, no hay ninguna práctica negativa.
Sin embargo, también hay que advertir que todas las personas tenemos en algún grado una conducta fetichista: cortamos afiches de nuestros cantantes, o coleccionamos algo significativo de algún momento en especial en nuestras vidas amorosas y las fetichizamos. Esta es una conducta generalizada en casi todas las personas.
Así, debido a esta masificación de esta conducta en las personas, es posible encontrar algunos clubes sexuales para fetichistas, como es el caso del Kaiten Zushi Baxy, Kyoshi Shikkaku, Reijo C’est Bien de Sapporo, Mermaid hostess bar o el June Bride Soapland que se ubican en Japón y que están diseñados exclusivamente para los hombres (siempre orientado a ellos) que deseen tener fantasías con colegialas, novias, mujeres con más de 100 kg, tener sexo mientras ves alguna película de cine o simplemente mirar a algunas nadando mientras ellos disfrutan de ciertas comidas. Por supuesto que todo este ambiente contará con toda la escenografía necesaria para que la persona termine totalmente convencida que su fantasía fetichista fue hecha realidad (lo que no podría ser menos, puesto que la entrada a uno de estos clubes cuesta aproximadamente unos 40.000 yenes o lo que equivale a 270 euros.

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