Si saliéramos a la calle a preguntar a la gente si cree que en su relación de pareja se cuida el romanticismo, ¿qué creéis que contestaría la mayoría?. Tal vez algo como “bueno, ya no es como antes, al principio siempre se acordaba de los aniversarios. Ahora todavía estoy esperando a que reserve en algún sitio para ir a cenar los dos a solas”. Es decir, en el ambiente plural y cotidiano se respira una decadencia del romanticismo cuando la pareja lleva 2 o 3 años de convivencia, como si esos detalles de conquista que caracterizaban los primeros tiempos se evaporaran con la costumbre de los que ya saben que se quieren y se han ganado un puesto seguro en el corazón del otro.
Si bien es cierto que las parejas no pueden mantener el enamoramiento o la pasión de forma inalterable por los años de los años, también es verdad que el romanticismo puede renovarse y reciclarse. Es más, ha de hacerse así, si se quiere sobrevivir al hastío de estar por estar. Bastantes conflictos y discusiones genera la convivencia de dos personas que han de negociar y respetar sus espacios continuamente, como para no intentar compensarlo con esas pequeñas cosas que devuelven de vez en cuando la sonrisa a la pareja, llamados gestos románticos.
Muchos hasta tienen miedo o vergüenza de utilizar la palabra “romanticismo”, y rechazan identificarse como tal porque lo consideran sensiblero o antiguo, cuando lo único que implica es una exteriorización del sentimiento que muchos persiguen y veneran: el amor. No estamos diciendo que no haya más maneras de manifestar tal emoción, ni que las personas que no son románticas no sean capaces de dar o recibir amor, simplemente queremos subrayar que es una vía más para transmitir interés, atención y cuidado al ser que se ama.
Lo importante es saber reconocer este tipo de detalles en la pareja y elegir dar al otro aquellos con los que nos sintamos más cómodos. No hay que desesperar porque la pareja pronuncie poco “te quiero”, si por el contrario te abraza y acaricia el pelo cuando vais a dormir; no hay que echar en cara que se ha olvidado de comprarte algo por vuestro aniversario, si en cambio siempre te lleva el desayuno los domingos a la cama, te acompaña al fútbol o va contigo de tiendas. La magia del amor está en palabras, gestos de ayuda y deferencias del día a día, esas pequeñas grandes cosas que nos recuerdan que alguien sigue pensando en cómo hacernos sonreír.
Algunos erróneamente piensan que la clave es regalar cosas materiales o hacer viajes de ensueño, ejemplos que, aunque pueden ser símbolos de generosidad, no recogen todas las infinitas posibilidades con las que puede unir el romanticismo a dos personas, pues éste tiene muchas caras que son igualmente válidas, pese a que pasen desapercibidas para algunos ojos poco entrenados. Y es que puede vestirse en forma de: misivas de amor, llevar un vaso de leche a la cama al compañer@, dedicarle una canción por la radio, sorprenderle con su plato preferido, acompañarle a aquella actividad o lugar que tanto le gusta, llamarle para desearle suerte en algún proyecto, arroparle cuando aún no se ha levantado, etc. Por eso, os decimos que no es cuestión de dinero, y que no hay excusas para no ponerse a ello, sea cual sea el tamaño del bolsillo.
Por otra parte, también hay mujeres que creen que ser galante y romántico es prácticamente una obligación del hombre, como si nos hubiéramos quedado ancladas en el caballero inglés de las novelas de Jane Austen, aquel que va abriendo puertas sin cesar a las damas, pagándolo todo y haciéndolas reverencias por doquier como si fueran delicadas princesas de cuento. A nadie le amarga un dulce, y se agradece cualquier acto de gentileza provenga de quien provenga, pero no nos pasemos, no podemos pretender que el hombre del siglo XXI siga batiéndose en duelo para demostrar sus afectos. Reivindiquemos algunos aspectos de aquel talante romántico del siglo XIX: las líneas de amor escritas a mano, el tiempo dedicado al cortejo y el empeño en la seducción (frente al “ir al grano actual”), etc., pero no asignemos encorsetadamente este papel al hombre, pues son cualidades que bien podrían ser valoradas y aplicadas a los dos sexos.
Otra consideración más que no podemos obviar, y que merece una aclaración, es la idea de percibir el romanticismo como un amor platónico, intangible y sufrido, alejado de lo pasional y real. Pues bien, nada más lejos de la realidad, cuidar los detalles y dotar al amor de sensibilidad y ternura es perfectamente compatible con la pasión y el erotismo. Ser romántico no es permanecer en un parque cogiéndose de las manos durante cuatro años con tu pareja. Se puede tener una sexualidad romántica sin tintes sensibleros, y ser tierno a la vez que apasionado en el sexo.
Como veis todavía existen muchas resistencias a mostrar la versión más romántica del amor en las relaciones de pareja, atribuyéndola exclusivamente a los adolescentes, al cine y como mucho a los primeros meses en los que dos amantes se conocen. ¿Habéis perdido el romanticismo en vuestra relación?, ¿lo cuidáis, lo consideráis importante?, ¿qué es lo más romántico que habéis hecho por alguien?
Foto1: bruymiix
Foto2: accia atalani


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